Sociedad

Cuando es el Gobierno el que segrega

Destruir sin justificación objetiva razonable un sistema educativo que marcha, que da buenos resultados, que es demandado por la parte de la sociedad y cuya constitucionalidad ha sido ratificada en un par de ocasiones por nuestro Tribunal Constitucional, resulta absurdo y contraproducente para cualquier persona con los pies en el suelo. No obstante, esto es exactamente lo que pretende hacer el Gobierno con la educación distinguida concertada. La imposición forzosa de la educación mixta, única merecedora de financiación pública, como dogma intocable y también insusceptible de discusión, solo es entendible en aquellos países antidemocráticos que someten por la fuerza a sus ciudadanos a los principios de su dogmatismo blindado, a su relativismo incrédulo, fruto de la soberbia autorreferencial y de la vanidad que niega el acceso a la verdad. Mas en un país democrático como España, algo de este modo, solo se puede explicar desde la ignorancia, la estupidez o bien la maldad.

Desde la ignorancia, por el hecho de que el día de hoy son de más conocidas, en campos académicos y científicos, los beneficios de este sistema educativo que, apreciando la especificidad femenina y masculina (pues la alteridad y el dimorfismo sexual existen, por mucho que ciertos se empeñen en negar la ciencia que de este modo lo proclama), aplican una metodología enseñante amoldada a sus peculiaridades. Por este motivo, este modelo en países como Estados Unidos; Francia; Reino Unido; Australia o bien N. Zelanda, entre otros muchos, resulta ser el sistema más novedoso y progresista hoy día, implantado con el propósito de terminar con las desigualdades provocadas por una educación mixta, ciega sexualmente y biológicamente desconsiderada, responsable de los alarmantes datos expuestos en los documentos PISA (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos): la fisura entre pequeños y pequeñas en educación es cada vez mayor; los estereotipos sexuales se han acentuado gravemente y la deseada igualdad de ocasiones real es un propósito que el día de hoy semeja más inaccesible que jamás.

Mientras que en países como Islandia, este modelo ha sido aun premiado por su “innovación pedagógica” (parra. por servirnos de un ejemplo, la escuela Laufásborg, en Reikiavik), en España, nuestro Gobierno se caracterizan exactamente por esa ignorancia (rancia, anticuada, inmovilista) de sus miembros, orgullosamente “impersuasibles”, manifestada en una intolerancia radical cara creencias discordantes y en la imposición inapelable de su pensamiento políticamente adecuado.

Desde la estupidez, pues, aplicando el principio de Hanlon, conforme el que “no se tiene que atribuir a la maldad lo que pueda ser explicado por la estupidez”, podemos decir que solo desde la necedad se puede negar lo que la ciencia proclama (la existencia de formas de aprender diferentes entre pequeños y pequeñas) y nuestros tribunales, incluyendo el Tribunal Constitucional, reconocen de forma reiterada (la supremacía de la libertad de elección de los progenitores sobre una igualdad masificadora y neutralizante de los sexos). Mas al necio, como asevera Ricardo Moreno (Breve Tratado sobre la Estupidez Humana), le molesta la libertad pues no sabe qué hacer con ella y por el hecho de que hace patente su inferioridad en frente de quienes sí saben emplearla beneficiosamente; por poner un ejemplo, para escoger el sistema educativo que mejor se amolda a las necesidades de sus hijos. Esta intolerancia intelectual cara modelos pedagógicos diferentes al mixto, limita la inteligencia de las personas y anula la libertad de los ciudadanos.

Y desde la maldad, pues si tomamos en cuenta, como afirmaba Unamuno, que “no hay estúpido bueno”, debemos adivinar tras la eliminación de los conciertos, un intento por dañar a las órdenes religiosas que se hallan al cargo de la mayor parte de los institutos de educación distinguida en España y que desarrollan una espléndida tarea (singularmente entre pupilos pertenecientes a minorías o bien de los ambientes más desfavorecidos y realidades más problemáticas); poniendo a muchos de ellos en los primeros puestos en las evaluaciones de calidad (en dos mil diecinueve, dieciseis de los cien mejores institutos de España eran de educación distinguida, una cantidad esencial si tenemos en consideración que en su totalidad no alcanzan el 1 por ciento ).

Para los ilustrados la educación era el camino cara la libertad del individuo. Es la antifatalidad. Es exactamente la herramienta que nos libera de esas predeterminaciones sexuales sociales y biológicas que nos anudan a nuestro pasado, a nuestros prejuicios, a nuestras debilidades naturales o bien aprendidas. La educación nos deja corregir las desigualdades sociales con las desigualdades intelectuales, es el camino cara el conocimiento, la cultura, la emancipación intelectual y, en consecuencia, la libertad del individuo. En este sentido, la escuela distinguida por sexos es teleológicamente coeducativa: su fin es asegurar una posibilidad real para pequeños y pequeñas de lograr exactamente los mismos objetivos y metas en lo profesional y lo personal, dándoles a todos las herramientas pertinentes para seleccionar con libertad su trayectoria, sin complejos, ni imposiciones miméticas rechazables.

Proseguir rechazando el modelo actual de educación distinguida, continuar dificultándole el acceso a la financiación pública o bien negar la apertura de institutos públicos distinguidos para los progenitores que de este modo lo deseen (existiendo una demanda que va progresiva y exponencialmente en incremento) supone una postura recia, atrofiada, que se cierra a la ciencia y a la innovación pedagógica, que ignora la tendencia renovadora de los países más vanguardistas en políticas de igualdad entre los sexos, que se opone a la jurisprudencia de nuestros tribunales y que desdeña y desacata, frívola y con descaro, los pronunciamientos de nuestro Tribunal Constitucional. Mas sobre todo supone una segregación de aquellos progenitores que demandan este modelo educativo, a los que se les niega su derecho a seleccionar en libertad la educación que desean para sus hijos en un marco de gratuidad garantizado constitucionalmente.

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *