Sociedad

De quitarse el sombrero, ni tan siquiera el coronavirus puede con sus ganas de aprender

Mucho se habla estos últimos meses, sobre los mayores, los seniors, o bien como deseen llamarlos; mas ¿quién hasta la data es capaz de detallar cuando uno es “mayor”?

Al contrario a lo que sucede con la inteligencia (todo el planeta se considera a sí mismo inteligente), absolutamente nadie se considera “mayor” dentro de su corazón. Por el hecho de que el espíritu no avejenta.

En el Diccionario de la Real Academia Española hallamos catorce acepciones diferentes de la palabra “mayor”.

La acepción tres, por poner un ejemplo, reza: “Mayor; Adj. dicho de una persona: entrada en años, de edad avanzada” (1). Mas absolutamente nadie determina con certidumbre en qué momento una edad se considera “avanzada” o bien “entrada en años”. O bien más bien, todo depende de la edad de quien le responda. Es decir: el término “mayor” es relativo.

Personalmente, preferimos las acepciones cuatro o 5: “Mayor: importante”; “superior en dignidad o bien autoridad”. El campo empresarial, por servirnos de un ejemplo, diferencia entre un asesor junior y uno senior; tratándose este último de un profesional de mayor experiencia, conocimientos, rango y sueldo. Entonces ¿por qué razón absolutamente nadie desea ser “mayor”? Y ¿Por qué razón exactamente en la era en la que las personas llegan a la madurez en un mejor estado físico, nuestros Ministerios y consejos de administración son ocupados mayoritariamente por juniors? Como afirmaría un madrileño tradicional, de esta forma nos “luce el pelo”. Ahí lo dejamos….

Acá nos marchamos a referir a los españoles que nacieron y medraron desde la posguerra, que son asimismo los que este maldito virus está castigando más fuertemente.

Estas generaciones debieron amoldarse a un país destrozado por una guerra civil. ¡Ellos sí que debieron “reinventarse” !, como se afirma ahora. Tras la Batalla, los ricos supieron ser pobres y los pobres supieron ser ricos. Españoles de alta cuna, mas frecuentemente escasa capacitación académica y profesional, supieron ponerse a ello y partir de cero. Otros españoles con menores medios y capacitación, mas con exactamente el mismo coraje, sacaron adelante a sus familias y les dieron una capacitación universitaria extendida jamás ya antes vista en España. Y pasaron todos juntos de la alpargata y el burro al nacimiento de una clase media española: esta fue, su primera adaptación.

Pasaron de una Monarquía a una República, y de esta a una Guerra Civil; y de la Guerra Civil al Gobierno del General Franco. Superaron diferencias y circunstancias o bien, mejor dicho, fueron capaces de elevarse por encima de ellas. Fueron un caso histórico, aún no superado, de esplendidez y proactividad. Y aún pasaron nuevamente a una Monarquía parlamentaria. Lograron para España el mayor periodo de paz de su historia y elevaron España a la 10ª potencia mundial. Aprendieron inglés. Mujeres que ni habían trabajado ni habían recibido capacitación para esto, lo hicieron. Otras que se habían criado entre personal de servicio familiar y señoritas de compañía pasaron a formarse mismas el servicio de sus hogares; y tanto unas como otras, calladamente, sin alaracas, debieron transformarse en superwomen, en mujeres “orquesta”, capaces de compaginar jornadas de trabajo de ocho-diez horas con la administración del trabajo que no tiene horarios: la administración de sus familias.

Pasaron, de no poder verse con el “novio formal” si no era con “carabina”, a contemplar a sus hijas “Independizadas” y viviendo con sus ahora llamadas “parejas”. Pasaron de una España oficialmente católica, a un País en el que los católicos debemos “nadar contra corriente” y prácticamente solicitar excusas por serlo. Pasaron del divorcio prohibido a un sesenta y cinco por ciento de separaciones, y a convivir en paz y armonía con su hijo, con su nuera, con su ex- -nuera, con los hijos de su hijo con su segunda mujer, con los hijos de esta de su primer marido…. Y a todo se adaptaron: segunda adaptación.

Cuando estos españoles pensaban que ya lo habían visto todo, aún la vida les tenía reservada una sorpresa; la tercera adaptación: ¡su transformación digital! y en la Universitas Senioribus, la Universidad de mayores del CEU, hemos sido testigos de ella a lo largo de estos últimos meses. Forzados por el obligado confinamiento; mas la cuestión es que hemos sido testigos del cambio de mentalidad de la mayor parte de nuestros mil cuatrocientos pupilos senior.

El pupilo senior siempre y en toda circunstancia prefiere y va a preferir, acudir presencialmente a sus clases, por el hecho de que su motivación no es solo adquirir conocimientos de una manera relajada y agradable sosteniendo su cerebro activo. Asimismo son motivos esenciales el vertebrar su vida y sus horarios desde la jubilación y socializar: tomar contacto con nuevas personas con afines inquietudes y situación personal.

Para dar continuidad a lo largo del COVID diecinueve a nuestra vocación de educar de forma agradable y al grito de ¡Ni una clase sin dar!!, virtualizamos la Universitas Senioribus. Grabando diariamente todas las clases de sus cincuenta asignaturas. Formando a los profesores en tiempo record. Salvo fallo, somos la única Universidad Senior que lo ha hecho. Es el resultado de haber invertido desde siempre y en toda circunstancia en nuevas tecnologías; en la busca continua de la innovación y haber introducido a más de siete mil pupilos senior en las TICS.

Mas ignorábamos la contestación que la nueva Senioribus Virtual podría tener entre nuestros pupilos, que van de los cuarenta a los noventa y dos años, situándose la mayor parte de ellos entre los sesenta y los setenta.

Para nuestra satisfacción, la acogida ha sido espléndida. Hemos asistido con orgullo a su adaptación, superando prejuicios y su natural rechazo a la capacitación online; mudando de mentalidad, abriéndose a las nuevas tecnologías y efectuando genuinos sacrificios a todos y cada uno de los niveles (de mentalidad, tecnológico, de conocimientos…) para amoldarse nuevamente, por 3ª vez, a una situación nueva. Ellos han reemplazado la brecha digital a base de madurez personal, constancia, deseo por aprender y resiliencia,

Ha sido un absoluto reto: cierre de la Senioribus en veinticuatro hrs. ¿De qué manera formamos a nuestros mil cuatrocientos pupilos senior?

Contábamos con una espléndida plataforma de campus virtual, mas ignota para una gran parte de los pupilos y asimismo para muchos profesores, ciertos cuales quedaron recluídos en sus hogares sin los medios tecnológicos convenientes.

Hubo que remodelar la plataforma, instruir a los profesores a optimarla para la grabación más atrayente posible de sus clases. Y, para finalizar, educar a los pupilos de qué forma acceder a ella. Y como una situación singular requería una solución singular, decidimos que la totalidad de los mil cuatrocientos pupilos tuviesen acceso de forma excepcional a todas y cada una de las asignaturas, con independencia de que estuviesen o bien no matriculados en ellas. Todo ello en tiempo record, y a través de trabajo a distancia.

Asimismo ha sido un dispendio de imaginación por la parte de los profesores: ¿De qué forma virtualizar una clase de arte consistente en caminar por la capital española? ¿De qué forma instruir a percibir ópera a distancia? ¿De qué forma hacer atrayente una clase consistente en tertulias sobre moral con la única herramienta de un PC? Puesto que lo han logrado.

Ya hace más de veinte años, el CEU estuvo entre los vanguardistas en fundar una universidad Senior en España. Ahora nuevamente, todos a una en la Corporación se han volcado en el ahínco enorme de virtualizarla con sus conocimientos, sus medios y su ilusión; desde el Presidente hasta la división de Y también-learning.

Nuestro Directivo General apuntaba “hay que instruir con un procedimiento acorde al S. XXI”.

Forzados seguramente por una situación límite, de acuerdo; mas nuestros pupilos no han dudado un instante en subirse al carro del S XXI. Un planeta nuevo que ha venido para quedarse. Y no nos referimos solamente a la enseñanza virtual. Han redescubierto Internet como una ventana al exterior; un aliado que la mayor parte de ellos conocía, mas infrautilizaba. Internet les ha dado alas: desde acudir a la universidad hasta chatear con sus nietos. Conocer un hotel ya antes de reservarlo; acudir a misa desde casa, hacer una visita virtual a un muSeo ruso o bien buscar una receta de un enorme Chef. Una ventana fantástica y sin límites.

La constancia de los MAYORES (con mayúsculas) ha probado, de nuevo, no tener límites. Esta vez, en su deseo por continuar aprendiendo.

De quitarse el sombrero.

María García-Moflete Labra

Ana Fernández Acero

Universitas Senioribus CEU

(1) Diccionario de la Lengua De España. RAE. Vigesimotercera edición, Edición Del Tricentenario. Actualización dos mil diecinueve.

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