Sociedad

el bum de los acólitos de Sócrates

La materia es tan vieja y también esencial que protagonizó tratados en la Grecia de cuatrocientos años ya antes del nacimiento de Cristo. «La completa realización del ideal humano solo puede darse en la vida social de la comunidad política, donde el Estado da armonía y consistencia a las virtudes individuales», dejó ya entonces escrito Platón. Desde el momento en que comenzase con Sócrates, profesor del primero, el estudio de la política y la manera en la que nos organizamos en sociedad jamás ha pasado de tendencia si bien es hoy en día, reconocen los especialistas, cuando la profesión de politólogo vive una auténtica edad de oro. Ahora sus estudiosos copan con sus intervenciones los medios y, alén de su trabajo como parte esencial de los partidos con alguna aspiración electoral, sus análisis han calado asimismo en la compañía privada, donde se han transformado en líderes de los cambios sociopolíticos y económicos de los últimos tiempos. En España, concretamente, durante la última década, la aparición de nuevas formaciones y la yuxtaposición de procesos electorales ha provocado que la política haya calado hasta los huesos de la sociedad provocando el bum de unos profesionales que hasta este instante no habían contado con tanta relevancia. Lorenzo Navarrete, decano del Instituto Politólogos y Sociólogos de la Comunidad de la capital española pone data al apogeo de la profesión: «Surgió cuando comenzó el fenómeno de rotura del bipartidismo para transformarse en un cuatripartito. Cambió el mercado político con una competencia que llegaba para quedarse». Aparte de la irrupción en el tablero político de partidos dirigidos por politólogos, como Podemos, el decano asegura que la demanda de los estudiantes interesados en formarse en políticas aumentó asimismo con la implantación del plan Bolonia y la creación de másters en esta materia que completan los grados universitarios.

Las cantidades charlan por sí mismas. En la Comunidad de la villa de Madrid todas y cada una de las universidades públicas –a salvedad de la de Alcalá de Henares– ofrecen a sus pupilos el grado de Ciencias Políticas a solas o bien como una parte de dobles grados al lado de materias como Filosofía o bien Derecho. En el máster de Democracia y Gobierno, cantera de politólogos de la Universidad Autónoma de la capital de España, las matriculaciones han pasado de 12 en dos mil trece-dos mil catorce a las veintiseis del presente curso escolar. Además de esto, el Instituto de Politólogos medra en algo más de un ciento de asociados por año pese a que esta asociación no es obligatoria para ejercer la profesión.

Pablo Simón, analista sobre partidos y sistemas electorales, maestro en la Universidad Carlos III y editor de «Politikon», explica el éxito actual de la materia de la que es especialista en un aspecto coyuntural: «Hay más demanda a nivel social y mediático». Y específica que el fenómeno se ha cuajado merced a «los cambios políticos acá y fuera de nuestras fronteras que, desde dos mil catorce, han aumentado la demanda de estos especialistas».

«La política ha pasado de ser algo marginal a protagonizar las tertulias de los bares. Ahora la oferta mediática es muy política», explica la especialista en comunicación política (otra de las ramas de esta ciencia), Verónica Fumanal. Ella, que debió viajar de Aragón a Barna para estudiar Políticas, asegura que en el año dos mil debía explicar exactamente en qué consistía la carrera que había empezado a estudiar. «Era una carrera “rara avis” con demanda cero y una nota de corte baja. Eso ha alterado mucho», reconoce ya antes de resaltar el estrellato del primer equipo de Pablo Iglesias en el momento de popularizar sus estudios: «Llegó Podemos y logró hacer estrategias buenísimas. Ahora la profesión se ha afianzado asimismo por la fama y reconocimiento de la disciplina». Asimismo ha cooperado en la difusión de las Ciencias Políticas el desarrollo de otras ciencias que examinan el comportamiento de la sociedad. «Cada vez hay más centros de investigación sobre las ciencias sociales, aparte de una esencial masa crítica de politólogos en las redes sociales al alcance de cualquiera», reconoce Simón.

Tertulianos especializados

¿Qué les diferencia de los profesionales de otras ramas (economistas, cronistas…) que pueblan los medios? «Los analistas políticos –como se refieren los especialistas a los tertulianos que no son politólogos– dan claves sobre aspectos que desde un cierto punto de vista no se ven. Hay que estudiar en profundidad los programas y también identificar bien los inconvenientes que se proponen en la sociedad para dar un diagnóstico acertado. El ciudadano del siglo veintiuno en España sabe que la política no son solo palabras, sino más bien hechos. Sabe distinguir», da la clave el decano.

En este sentido Fumanal resalta que , aparte de conocimientos sobre sistemas políticos, asimismo reciben capacitación sobre el funcionamiento y reglas que rigen las instituciones, Filosofía y Derecho, entre otras muchas. Materias que les ofrecen una visión más extensa en el momento de examinar el panorama político o bien preparar una campaña electoral.

Es exactamente en los partidos donde los politólogos se mueven como pez en el agua. Toda campaña que se precie cuenta con lo que los especialistas han bautizado como «trípode electoral» y que, por lo menos, está formado por un sociólogo, un comunicador y un politólogo. Todos conocedores de los recursos de la política. La misión de este equipo incluye desde la creación de buenos programas y mensajes políticos, al calado en el electorado de exactamente los mismos. Crear programas, venderlos y persuadir es su mantra.

Alén de medios y partidos, la presencia de politólogos cada vez es más esencial asimismo en empresas privadas de todos y cada uno de los ámbitos. Allá su papel se centra en efectuar análisis sobre la circunstancia económica y política que los empresarios emplean para progresar su posicionamiento en los mercados y trazar sus estrategias tanto a nivel local como internacional. «Colocar un partido se semeja mucho a poner un producto», reconoce Simón. Fumanal insiste en este aspecto en lo que llaman «political intelligence» y que no es otra cosa que la preparación de informes sobre escenarios políticos.

«Todas las compañías toman sus resoluciones de inversión en función de escenarios políticos. Es parte integrante de nuestro trabajo como politólogos el análisis de los programas electorales y el cálculo de sus posibilidades legislativas», explica para agregar que su especialización en liderazgo y creación de perfiles públicos los transforma en los profesionales ideales para la creación de marcas personales en un instante en el que «las marcas desean que se les atribuyan más valores relacionados con la política, como ocurre con el eslogan “conduce como piensas”».

¿Un furor pasajero?

Pese a que en los primeros años de efervescencia se pensó que el fenómeno de los politólogos tendría un furor pasajero, como ocurrió con los analistas económicos a lo largo de la crisis, los especialistas aseguran que han llegado para quedarse. Simón es tajante: «Nada hace prever que el proceso de ascenso se vaya a cerrar dentro de poco y ocurra como con los economistas. Existe demanda.

Mediante las redes sociales todo el planeta puede tener acceso a politólogos más jóvenes que han creado sinergias con cronistas. En las redes todos podemos abrir nuestro weblog y hacer un análisis». Navarrete confirma esta teoría y también insiste en la cualificación de los politólogos como autores de programas y mensajes electorales: «El votante demanda más. Ya no es de pertenencia leal a un partido sino se fijan en los profesionales que saben leer las alteraciones que se generan en la sociedad».

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