Sociedad

El descalabro escolar, otra de las secuelas del coronavirus

Son las 8:30 de la mañana y Susana Hernández, maestra del ciclo de formación profesional de Cocina y Restauración en un instituto público de la capital de España, pasa lista de forma virtual a los pupilos de la materia Técnicas Elementales de Preelaboración.

–¿Elena G.? (absolutamente nadie responde). La maestra vuelve a insistir. Unos segundos después se escucha una voz del otro lado de la pantalla.

–Sííí.

–Elena, ¿por qué razón no conectas la cámara?

– Profe, es que tengo muy mal el pelo.

– ¿Y qué importa, si acá estamos en confianza? Anda, enciéndela.

La estudiante obedece y, para sorpresa de la enseñante, se conecta en cama con su novio, pupilo asimismo del mismo curso.

No es el único caso chocante que se ha encontrado Susana Henández. Otros han «asistido» a las clases virtuales mientras que estaban en el parque con los amigos, cuando paseaban al cánido, cuidaban del hermano pequeño por el hecho de que los progenitores trabajaban o bien mientras que tiraban la basura. La casuística es variada. «También hay ausencias que deben ver con circunstancias muy particulares. Uno me contó en privado que no se sentía con ánimo de encender el computador pues sus progenitores terminaban de perder el trabajo y lo pasaban mal».

Situaciones como estas ocurren todos y cada uno de los días en los centros de educación que han apostado por la capacitación semipresencial por la Covid-diecinueve con todos las ventajas y perjuicios que la adaptación al nuevo sistema de forma apurada ha llevado a pupilos y profesores. Los enseñantes se han visto obligados a hacer un esmero enorme al verse envueltos en una auténtica revolución pedagógica para hacer frente implacablemente a los retos que demandan los nuevos tiempos. Ahora el reto es mayor: captar la atención de un pupilo por medio de un computador y trasladar conocimientos en frente de contrincantes como el móvil, Instagram, WhatsApp, los vídeos o bien la serie de turno con la que se evaden cuando la clase no es suficientemente interesante para el pupilo.

En esa «necesitad y emergencia de alterar el sistema educativo a fin de que sea más eficaz y que todo el planeta pueda progresar», como afirma la ministra de Educación y formación profesional, Isabel Celaá; en ese paso obligado por la pandemia cara «digitalización como palanca de transformación», se está comenzando a repasar la factura del confinamiento y de la semipresencialidad en el desempeño de los jóvenes.

Hay que partir de la idea de que «con la pandemia, los profesores hemos apreciado falta de motivación y responsabilidad entre los pupilos. De ahí que incidimos mucho en la necesidad de animar a los estudiantes. Les orientamos, les llamamos mas, al final, quien debe trabajar es el alumno», afirma David Izquierdo, presidente de la Asociación Profesional de Directivos de Educación Secundaria (Aprodir). Y estudios como la formación profesional son los que más se resienten, justo los que ahora se quieren fortalecer. «En esta situación de semipresencialidad la formación profesional padece mucho pues está basada en el trabajo manual y, si bien los profesores hacen un esmero enorme por amoldar el currículo, es bastante difícil igualar lo que supone una capacitación práctica. Esto produce desmotivación en el alumnado; otros no tienen medios ni habilidades digitales, se marchan desconectando y termina en el absentismo», afirma Izquierdo.

«Rinden menos de la mitad», apostilla la maestra de Formación Profesional Susana Hernández. Mas esto no ocurre en todos y cada uno de los estudios. O bienn primer análisis de los directivos de Secundaria comprueba que en los primeros cursos de la ESO, con presencialidad en comunidades como la capital de España, comprueban, paradójicamente, un agravamiento de los resultados académicos de sus pupilos en el primer trimestre del curso. Desde 3º de la ESO, con semipresencialidad, en unos institutos las notas han bajado y en otros han subido. «En el peor de los casos ha habido entre un diez o bien un quince por ciento más de suspensos», si bien son datos solo del primer trimestre.

En Bachillerato, los pupilos de Ciencias han conseguido resultados afines a otros años, al tiempo que entre los de Ciencias Sociales «sí que se ha observado una bajada en las calificaciones». La verdad es que la pandemia y la adaptación a la semipresencialidad en la enseñanza ha influido si bien, por el momento, «el impacto no es dramático».

No obstante, el Consejo Escolar del Estado piensa que charlar de un descenso en el desempeño escolar con la Covid-diecinueve «es un prejuicio», expone en su último informe sobre «La situación de la educación en España como consecuencia de la pandemia». Expone que para valorar el desempeño de los pupilos a lo largo de los meses de confinamiento al final del curso precedente y en la situación de excepcionalidad del presente curso va a haber que aguardar por lo menos un curso.

El tema asimismo se ha analizado desde el campo universitario donde ciertos especialistas aseguran que los cambios a los que ha sometido la pandemia «sí ha tenido una esencial repercusión en el desempeño. «Para ciertos estudiantes no ha sido simple la adaptación y han sentido temor a no poder encarar sus obligaciones con exactamente la misma eficiencia, o bien contrariedades para comprender y supervisar sus emociones y relajarse, con lo que han aumentado los niveles de agobio relacionados con la incertidumbre», asegura Blanca M. Pastor, sicóloga responsable del Gabinete de Orientación Psicopedagógica de la Universidad Nebrija. «Nuestros estudiantes estiman que a lo largo de las clases telepresenciales es más simple distraerse y perder la concentración, la comunicación con el maestro y sus compañeros desaparece y al proseguirlas desde su casa tienen a su predisposición muchas fuentes de distracción. Aprecian mucho la diferencia entre las semanas presenciales y las telepresenciales. Por otra parte, no todos y cada uno de los estudiantes tienen exactamente las mismas circunstancias económicas, espacio libre en sus residencias, acceso a la tecnología», agrega,

Por lo pronto, ya existen algunos estudios, como uno de la universidad belga de Lovayna, que aseguran que los pupilos podrían haber perdido la mitad de lo que se aprende en un año escolar por el cierre de los centros de educación a lo largo del confinamiento por la primera ola del virus. En España jamás vamos a tener una evidencia a nivel científico clara sobre lo que ha significado una vez que se eliminaran por la pandemia las evaluaciones previstas en la ley para conocer qué han aprendido los pupilos. La Covid-diecinueve nos deja asimismo ciegos sobre el nivel de la educación.

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