Salud

El Gobierno sabía ya en el mes de febrero que los sanitarios corrían peligro y precisaban protección segura

Cuando ha pasado más de un mes y medio desde el estallido de la pandemia en España, apenas quedan ya dudas de que el Ministerio de Sanidad tenía conocimiento sobrado desde mucho tiempo ya antes de la dimensión que podía llegar a cobrar. No solo por las alarmas de la OMS (OMS), que se comenzaron a inicios de febrero, y de otros organismos europeos, o bien por la situación que atravesaban China y, más cerca todavía, Italia, con cientos de inficionados.

Como ya ha informado este periódico, el Ministerio ordenó a médicos y enfermeras entre diez y 7 días ya antes de la celebración de las concentraciones feministas del ocho-M que no asistiesen a congresos y acontecimientos científicos para eludir toda posibilidad de contagio. Un alto cargo del departamento de Salvador Illa, la directiva general de Salud Pública, Pilar Aparicio, asimismo expresó públicamente a inicios de marzo su preocupación con lo que sucedía en Italia y los peligros de las concentraciones de espectadores en los partidos de futbol. No obstante, hay otros elementos que confirman el conocimiento que el Ministerio tenía de lo que podía suceder y de la relevancia de contar con de material de protección conveniente.

Concretamente, la Subdirección General de Sanidad Ambiental y Salud Laboral, adscrita a la Dirección General de Salud Pública que dirige orgánicamente todavía Aparicio, reguló una guía de recomendaciones «en continua revisión dependiendo de la evolución y nueva información que se disponga de la infección por el nuevo coronavirus (SARS-CoV-dos)». Dicha guía está fechada el veintiocho de febrero, 9 días tras la celebración de las concentraciones, y recoge una serie de medidas precautorias para «los trabajadores implicados en trabajos de asistencia sanitaria, como los de transportes aéreo, marítimo y tren de gran distancia o bien internacional, los colectivos de rescate, atención al público, hostelería, ámbito servicios, etcétera

Conforme remarca, «dado que el contacto con el virus puede afectar a ambientes sanitarios y no sanitarios, corresponde a las compañías valorar el peligro de exposición y proseguirse las recomendaciones que sobre el particular emita el servicio de prevención, siguiendo las pautas y recomendaciones elaboradas por las autoridades sanitarias». Los autores dan fe de que el Gobierno conocía de la peligrosidad del virus, cada vez que recomiendan ya «reforzar las medidas de higiene personal en todos y cada uno de los campos de trabajo y en frente de cualquier escenario». En verdad, aconsejan extremar las medidas de higiene y establecer otras «de protección individual (incluyendo el equipo de protección individual, EPI» que sean «adecuadas y proporcionales al peligro o bien peligros en frente de los que debe ofrecerse protección acorde con las actividad laboral o bien profesional».

Con más contagiados del planeta

Se da la coyuntura de que más de un medio después, los sanitarios se quejan todavía de la carencia de estos equipos que Sanidad ya creía esenciales en el mes de febrero, lo que ha provocado que España sea el país con más profesionales contagiados del planeta. La guía consideraba «exposición de riesgo» al personal asistencial y no asistencial que atiende un caso confirmado o bien en investigación sintomático, o bien al conductor de ambulancia «si hay contacto directo con el paciente trasladado». Para los primeros, la guía establece como requerimiento «componentes de EPI de protección biológica y, en determinadas circunstancias, de protección en frente de sprays y a salpicaduras». El texto se detenía en los equipos de protección individual y especificaba que «los EPI deben elegirse de tal modo que se garantice la máxima protección con la mínima molestia para el usuario».

Asimismo charlaba de la relevancia de la protección respiratoria: «La colocación de la mascarilla quirúrgica a una persona con sintomatología respiratoria supone la primera medida de protección para el trabajador», agregando que «la protección respiratoria en general recomendada para el personal sanitario que pueda estar en contacto a menos de 2 metros con casos en investigación o bien confirmados es una mascarilla autofiltrante tipo FFP2 o bien media máscara proveída con filtro contra partículas P2».

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