Economía

El paro o bien la destrucción del Arco Iris

Suráfrica, tras el apartheid y la llegada de Nelson Mandela a la presidencia, deseó ser el país del Arco Iris, símbolo de su población multirracial. Prácticamente una cuarta parte de siglo después, con inconvenientes de estabilidad y corrupción, los sudafricanos más miedosos sobre el futuro afirmaban que “un país tarda una generación en construirse mas poquísimo en destruirse”. España había necesitado 3 años –desde febrero de dos mil diecisiete- para acrecentar la afiliación a la Seguridad Social en más de ochocientos cotizantes. Apenas quince días de marzo, un suspiro, han bastado para evaporar ochocientos treinta y 4 mil afiliados, un trastazo superior aun al sufrido tras la caída de Lehman Brothers, en dos mil ocho. Entonces, como recordaba el día de ayer el ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá, pasaron cien cien días hasta el momento en que se destrozaron los trabajos difuminados ahora y, lo que es peor, no van a ser los últimos.

Los paralelismos entre la Gran Recesión, tras el hundimiento de Lehman Brothers, y las consecuencias económicas del Covid-diecinueve, son escasas. El caiga del banco americano fue el origen de la mayor crisis económica desde mil novecientos veintinueve, mas el planeta y la actividad económica, si bien padecieron, no se detuvieron ni un día. Ni en E.U. ni en ninguna otra parte. Esa es la enorme y esencial diferencia. España, como ya le ha dicho algún banquero al presidente del Gobierno, es ahora un país parado, que hay que regresar a arrancar otra vez, algo que aparte de un esmero gigante y recursos ingentes, requiere tiempo, bastante tiempo. Los sueños de una restauración en “V”, o sea, brillante, ya están archivados en el desván del olvido.

Los datos de empleo y paro de marzo son los peores de la historia de España desde la Guerra Civil. No obstante, aún van a ser peores los próximos meses, algo en lo que coinciden todos y cada uno de los especialistas, los que se atreven a dar su opinión, como Florentino Felgueroso, José Ignacio García Pérez y Sergi Jiménez, de Fedea, y los que no. Los números que el día de ayer debieron presentar Yolanda Díaz, ministra de Trabajo, y el titular de Seguridad Social, José Luis Escrivá, van a ser aún más aciagos a fines de abril. Las estimaciones más optimistas calculan que no están incluidos uno con cinco millones de trabajadores perjudicados por los ERTEs, de los que una enorme mayoría pueden transformarse en parados efectivos. Los más fatalistas elevan esa cantidad a tres millones. En los peores instantes de la Gran Recesión, el paro llegó a los seis con veintiocho millones de desempleados. Entonces partía de dos con seis millones de parados en dos mil ocho, la cantidad más baja en años. Ahora, el punto inicial estaba quinientos mil más arriba. Una extrapolación apuntaría cara la cantidad –inasumible- de siete millones de desempleados si no se acierta con las políticas, como ya ocurrió en la crisis precedente.

La crisis va a ser larga. En el mejor caso, va a haber una recesión que va a durar entre 6 y 8 meses. En el peor, puede iniciarse un periodo de depresión, afín al que prosiguió a mil novecientos veintinueve, que duraría 3 o bien 4 años y que sería trágico, con millones de parados estructurales. No depende solo de España, mas España debe hacer sus deberes y es tan esencial que se trabaje en resguardar a los que están más desprotegidos como invertir –dinero y esmero- en edificar un futuro. Las próximas semanas y meses van a ser bastante difíciles. El final del “Estado de Alarma” va a traer otro incremento increíble y trágico del paro. Los trabajadores que, en situación ordinaria, hubiesen sido despedidos al comienzo de la cuarenta, es muy posible que pierdan sus trabajos claramente. A ellos va a haber que incorporar, los que ocasionen bajan por efecto del Covid-diecinueve. Por otro lado, por rapidísima que fuera la restauración, no todos y cada uno de los ámbitos lo van a hacer al mismo ritmo. Los turistas van a tardar en regresar a España y ya, el sesenta y uno con cinco por ciento de empleo en Baleares y el cincuenta y cinco por ciento en Canarias está perjudicado, así sea por las primeras medidas de cuarentena o bien por el permiso obligatorio del quince días. En conjunto, y en toda España, conforme el cálculo hecho por los economistas convocados de Fedea, tres,6 millones de personas debieron dejar sus trabajos tras el primer decreto del Gobierno. La cantidad sube a nueve con tres millones tras las “vacaciones retribuidas”, en conjunto, el cuarenta y 6 con nueve por ciento de los ocupados del país. La única duda es cuántos de todos esos se transformarán, de forma trágica, en parados reales. Llevan razón en Suráfrica, un país –y un Estado del Bienestar como el de España- tarda un buen tiempo, generaciones aun, en construirse, mas puede destruirse en un suspiro, igual que se evapora el arco iris.

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