Salud

¿Es esta la vacuna perfecta?

A mediodía de el día de ayer, el presidente y director de la compañía Pfizer, Albert Bourla, declaraba en conferencia de prensa que «hoy es un enorme día para la ciencia y para la humanidad». La compañía, responsable al lado del laboratorio BIoNtech de una de las diez aspirantes más avanzadas de vacuna contra la Covid-diecinueve, anunciaba por sorpresa y sin supervisión oficial de los datos que su terapia inmunizadora ofrece un noventa por ciento de eficiencia, conforme se desprende de los últimos resultados del ensayo en Fase III que se halla en curso.

La protección del noventa por ciento , conforme Pfizer, se ha logrado 7 días tras aplicar en voluntarios una segunda dosis y veintiocho días tras la primera. Si se confirma su eficiencia (por encima de lo aguardado para una vacuna de estas peculiaridades y en tan poco tiempo) ciertamente el día de ayer fue un enorme día para la humanidad. Por el momento, fue un enorme día para las bolsas de todo el planeta. Poco tras el anuncio se registraron grandes subidas en casi todos los índices de referencia bursátiles, incluidas levantas de 2 dígitos en el Ibex treinta y cinco. Al mismo ritmo que se disparaba la cotización de las farmacéuticas, las compañías de capital estadounidense y las aerolíneas, se hundían las acciones de Zoom. Como una especie de encarnación de nuestros sueños, las bolsas apostaban por un futuro idealmente similar al pasado.

Los datos el día de ayer anunciados responden a una investigación intermedio de la fase III en la que es evaluada la vacuna de Pfizer. En esta fase se estudia la contestación de más de cuarenta y tres voluntarios. De ellos, noventa y cuatro han resultado contagiados y una vez evaluado quiénes habían recibido vacuna y quiénes placebo, los estudiosos han determinado que el noventa por ciento de los vacunados están protegidos.

Vicente Larraga, maestro de investigación del Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas del CSIC, y responsable de uno de los proyectos españoles de vacuna, reconoce que ya antes de la era Covid, «ninguna autoridad sanitaria te daría permiso para empezar ensayos con una vacuna que ofrezca menos del sesenta por ciento de eficiencia potencial». El noventa por ciento de Pfizer semeja un genuino bombazo.

En verdad, la Guía de desarrollo y aprobación de vacunas contra la Covid-diecinueve elaborada por el regulador estadounidense (la FDA, Administración de Comestibles y Fármacos) demanda eficacias probadas de más del cincuenta por ciento ya antes de autorizar el empleo de una de estas terapias. La OMS recuerda que ninguna vacuna es segura al cien por ciento . El noventa por ciento de Pfizer/BioNtech es lo más próximo a una vacuna perfecta. Si se prueba claramente, por el hecho de que hay que rememorar que lo anunciado el día de ayer no es más que una declaración de parte en un estadio muy preliminar del análisis de datos de Fase III. La compañía espera poder publicar resultados sólidos ya antes de final de año y estar en predisposición de fabricar mil trescientos millones de dosis durante dos mil veintiuno. El próximo paso habría de ser la publicación de los datos a fin de que sean revisados por la comunidad científica y el escalado a otra prueba con más de ciento sesenta personas contagiadas.

Frente a la crisis Covid las farmacéuticas están acudiendo a un sistema de administración paralelamente nuevo. Las fases de investigación se solapan (la fase III empieza antes que termina la II) y la producción de la vacuna se comienza ya antes de ser aprobada. De esta forma puede asegurarse que, cuando las autoridades sanitarias den su visto bueno, haya millones de dosis libres.

Una buena parte de este trabajo fue posible merced a que la administración Trump de EE UU ofreció un adelanto de múltiples miles y miles de millones de dólares estadounidenses para ciertas aspirantes a vacuna más prometedoras a cambio de que consiguieran tener trescientos millones de dosis libres para el mercado estadounidense. Fue la llamada «Operación Velocidad de la Luz». Pfizer recibió mil novecientos millones de dólares americanos con el compromiso de proveer cien millones de dosis para pacientes estadounidenses. «Cada vez que hablo con el presidente Trump –declaró el CEO de Pfizer hace unas semanas– le digo que esté sosegado, que vamos a hacer lo posible a fin de que la vacuna esté tan veloz como la ciencia permite».

La de Pfizer/BioNtech, de la misma manera que la de Moderna, están basadas en ARN mensajero. Todas y cada una de las vacunas pretenden instruir al organismo a identificar y producir anticuerpos contra determinadas proteínas del virus. Ciertas terapias (como, por servirnos de un ejemplo, la de Oxford) efectúan esa labor introduciendo la proteína de forma directa a través de un vector: por poner un ejemplo, un virus de chimpancé que invade las células humanas sin daño. En otros casos se opta por introducir en el núcleo de las células la información genética precisa a fin de que sean esta mismas las que generen la proteína y aprendan a combatirla. Ese es el mecanismo de la de Pfizer.

Estas vacunas de ARN mensajero presentan ciertas virtudes (limitan el peligro de inmunidades preexistentes, facilitan la producción en escala) y algún inconveniente serio. En un caso así, el peor obstáculo puede formarlo la necesidad de sostener el producto a temperaturas en negativo para su perfecta conservación, lo que complicaría así su transporte y suministro en las zonas más pobres y recónditas del planeta. Los especialistas coinciden en la necesidad de que cohabiten múltiples géneros de vacuna en el mercado, seguramente con diferentes indicaciones para diferentes conjuntos de población. Una sola vacuna no servirá de entrada para terminar con la pandemia.

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