Investigar desde la universidad privada
Sociedad

Investigar desde la universidad privada

La misión de instruir y trasmitir el conocimiento ha encabezado a lo largo de siglos el menester de la universidad desde su creación. En el último siglo se agregó a esa misión la generación de ese conocimiento mediante la investigación científica. Y en las últimas décadas ha aparecido una tercera misión: trasferir el conocimiento a la sociedad, de forma directa o bien mediante diferentes agentes, instituciones o bien entidades, lo que indudablemente hace aún más esencial y trascendente el papel de la universidad.

De las ochenta y tres universidades que existen en España, treinta y tres son privadas y reúnen algo más de diecinueve profesores, prácticamente el dieciseis por ciento del total del profesorado universitario, si bien no precisa ni probablemente todos con el grado de doctor.

Puede decirse que, en general, las universidades privadas se han experto en la docencia, donde desarrollan una esencial actividad de innovación en contenidos y metodologías, que se refleja en su calidad y alto nivel, aspectos para los que no es determinante que el profesorado tenga el grado de doctor. Por su lado, la figura de maestro asociado de la universidad pública preveía añadir a las labores enseñantes, con dedicación aproximadamente parcial, a profesionales geniales y especialistas proveniente de la compañía, extraños a la carrera académica y no siempre y en toda circunstancia doctores, si bien hay que apuntar que la universidad privada tiene una mayor flexibilidad y agilidad para contratar especialistas, doctores o bien no.

El nuevo R. D. 640/2021, de veintisiete de julio, demanda a las universidades públicas y privadas, por vez primera, una cuota esencial de doctores con un sexenio de investigación. Esta demanda supone una clara desventaja para las universidades privadas y sus profesores. No se debe olvidar que la figura del sexenio o bien tramo de investigación, implantada en los ochenta, era solo aprovechable en instituciones públicas y daba sitio a un complemento retributivo, no siendo aplicable en universidades privadas sino más bien hasta hace poquísimos años, cuando se estableció el acuerdo de cooperación con la Agencia de Calidad para su Evaluación. Por esta razón, los sexenios no han podido ser pedidos por los profesores de las universidades privadas hasta muy últimamente. Cabe apuntar además de esto que, en lo que concierne a la docencia, la condición de doctor con sexenio de un maestro no es una garantía de su excelencia.

Por su lado, las universidades públicas de este país han pasado en la segunda mitad del último siglo a jugar un papel preponderante en el escenario de la investigación científica, donde previamente se identificaban prácticamente solamente los sacrificios y contribuciones de la Corporación Libre de Enseñanza y, más tarde, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. El día de hoy las cosas han alterado y puede decirse que la universidad pública es la corporación que más aporta a la generación del conocimiento.

Muchos de los proyectos de investigación que se desarrollan en las universidades tienen un planteamiento de colaboración con otras instituciones, mas no son abundantes los casos de cooperación entre las universidades públicas y las privadas. Probablemente estas últimas no cuentan con una densidad cuantitativa y cualitativa de laboratorios y también instalaciones como aquellas, mas sí con unos Recursos Humanos que, con el máximo nivel académico en una considerable proporción, desarrollan proyectos y contratos de investigación con financiación propia, pues el acceso a las convocatorias públicas nacionales de subvención de proyectos les está vedado muy frecuentemente o bien poseen requisitos difícilmente soslayables en otras muchas, pues se les atribuye –como entidades privadas que son– un anhelo de lucro que evidentemente no puede satisfacerse con recursos económicos públicos. En ese sentido, es esencial apuntar que esa presunción de lucro es gratis y no se puede utilizar, por cuanto los recursos de las subvenciones con que se dotan los proyectos de investigación -sometidos a auditorias internas y externas- se destinan solamente a atender los gastos de la investigación y jamás a conseguir beneficios que pudiesen ser incorporados a una cuenta de resultados.

El sistema de España de I+D no puede sino más bien beneficiarse de un tratamiento para las universidades privadas parejo al que reciben las universidades y los centros de investigación públicos, especialmente si el sistema y las convocatorias públicas de proyectos apoyaran e inclusive incentivaran y estimularan el promuevo de la cooperación entre universidades públicas y privadas, sumando capacidades y recursos humanos para lograr un propósito específico.

Una política que facilite el desarrollo de la labor estudiosa en las universidades privadas contribuiría indudablemente a lograr los objetivos perseguidos por el citado RD y, a resultas de ello, aumentaría la cantidad de publicaciones científicas, patentes y el número de proyectos de investigación de campo nacional y también internacional pedidos y conseguidos, otro de los objetivos del RD.

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