La guerra al diésel golpea al empleo
Economía

La guerra al diésel golpea al empleo

Las consecuencias de los ataques que desde hace ya un tiempo padece el campo del vehículo no salen sin coste y las primeras reducciones de empleo empiezan a atisbarse en múltiples de las factorías en España. Es la consecuencia lógica de múltiples datos económicos encadenados, como pueden ser el descenso del once por ciento en las matriculaciones del pasado año, una bajada del 1 por ciento en la producción total de vehículos fabricados en las plantas establecidas en España y una caída prácticamente irrefrenable en las matriculaciones de automóviles diésel. La combinación de estos y otros factores dan como resultado la pérdida de trabajos en nuestro ámbito industrial más potente.

Nissan, Iveco, Mercedes Ford… son múltiples las marcas con plantas de producción en España que preparan ajustes de plantilla de diferentes categorías para poder encarar la crisis en el campo. Quizás todo comenzó el día que la ministra Teresa Rivera pronunció la insigne oración de «los días de los motores diésel están contados». Un comentario que hizo caerse las ventas de vehículos con esta motorizacición, en tanto que las declaraciones de esta ministra del Gobierno de Pedro Sánchez venían a unirse a la guerra contra el vehículo que están protagonizando ciertos municipios de extrema izquierda, que limitan la libertad de circulación de ciertos automóviles. Unas dudas sobre la legislación futura que han creado inseguridad en el comprador de turismos, con lo que las ventas se han desplomado.

Y este descenso del mercado nacional no ha podido compensarse con un aumento de las exportaciones, en tanto que ciertas circunstancias del comercio exterior, como por poner un ejemplo el Brexit, han provocado que se hayan atascado las ventas en el extranjero de este campo meridianamente exportador.

Nissan recorta en Cataluña

La primera de las reducciones de empleo que se aguardaban se concretó el día de ayer en Nissan, cuando la dirección de la planta de la Zona Franca de Barna propuso a los sindicatos una reducción de entre cuatrocientos y quinientos trabajos. Conforme la dirección, es un intento de recobrar los índices de competitividad de esta fábrica, que tiene unos índices de producción bajísimos. Actualmente, Nissan cuenta con una plantilla de unos tres mil trescientos trabajadores y esta reducción de personal se hará por medio de un plan de bajas estimuladas y jubilaciones adelantadas a fin de que sea lo menos traumático posible.

Por el hecho de que la realidad de la planta de España de Nissan es alarmante, puesto que cuenta con una capacidad de producción de doscientos unidades y va a cerrar el año fiscal nipón, que acaba en el tercer mes del año, con una cantidad de fabricación de solo setenta unidades. Y las previsiones para el próximo ejercicio son que se genere un nuevo descenso de producción de otros diez.000 automóviles, con lo que se ubicaría en menos de una tercera parte de su capacidad real.

El futuro de medio y largo plazo tampoco es muy optimista. Tras el cese de producción de los modelos Pulsar y Evalia en el ejercicio pasado, la planta catalana perdió también la posibilidad de fabricar un nuevo vehículo, el monovolumen NV200. Esta falta de actividad afecta a otras instalaciones de la marca en España, como es el caso de las instalaciones de Los Corrales de Buelna, en Cantabria, experta en la fabricación de piezas de repuesto. En un caso así, aparte de la mengua de pedidos desde Barna, se une la bajada de producción de la factoría Sunderland, en G. Bretaña, cuya producción cayó también un diez por ciento por culpa del Brexit. Mientras que, en las instalaciones de Ávila, se ha anunciado el cese de fabricación de los 2 camiones que se acoplaban allá.

La situación en Nissan puede marcar el camino que quizá vayan a continuar otras empresas del campo. Podría ser el caso de, por servirnos de un ejemplo, la factoría Mercedes en Vitoria, que cerró el año con una bajada de producción de unas quince unidades y podría proponerse un ERTE en el futuro, igual que Iveco en la capital de España. La planta de Ford, en Almusafes, ha perdido la fabricación de la nueva generación de las furgonetas Connect, si bien se sostiene el Kuga, y en PSA de Vigo se estudia algún género de flexibilidad laboral para amoldar la producción a la demanda, que podría afectar a unos novecientos empleados.

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