La «guerra nuclear» provocada por el Gobierno pone contra las cuerdas el sistema eléctrico
Economía

La «guerra nuclear» provocada por el Gobierno pone contra las cuerdas el sistema eléctrico

Cuando España apostó por las renovables, lo hizo en plena moratoria nuclear, en la que se paralizó la construcción de 5 centrales por criterios rigurosamente políticos, y con el lignito nacional como respaldo. Entonces, el comodín pasó a ser el gas natural. Hay veintiseis gigavatios en España de ciclos combinados para aguantar ese respaldo, lo que equivale a veintiseis plantas de energía nuclear. ¿El inconveniente? Contaminan y deben abonar derechos de emisión de CO2 con una materia prima muy volátil y poco a poco más cara, lo que ha llevado el coste del megavatio hora a rozar los doscientos euros. Y como el consumo de los hogares se traspasa a las noches, con lavadoras y friegaplatos noctívagos, resulta que ahora asimismo los costos de la electricidad salen costosos de noche, cuando no hay sol ni viento y son la nuclear, que opera en todo instante, y los ciclos combinados los que dan cobertura.

España apostó por el gas natural y desechó las nucleares. El resultado es que mientras que Francia tiene cincuenta y siete centrales y su energía es de media un veinticinco por ciento más asequible que en España y países como Corea del S. dispone de veinticuatro y edifica otras 4, en España hay siete reactores operativos que van a cerrar en dos mil treinta y cinco a pesar de que la nuclear lleva diez años sucesivos a la cabeza de la producción eléctrica en España, siendo responsable del treinta y tres por ciento de la electricidad sin emisiones y con el noventa por ciento de las horas del año en funcionamiento.

Si la nuclear es clave en la transición energética e inclusive podría ahorrarnos considerablemente más si se hubiese apostado por ella en lugar de por el lignito y el gas, ¿por qué razón el Gobierno ha abierto una guerra con las eléctricas recortando su remuneración y llevando a estas plantas a operar prácticamente a pérdidas? En el primer mes del verano, el Gobierno anunció la tramitación de un rejonazo de mil millones a los que ahora se aúnan la confiscación, hasta la próxima primavera, de unos dos.600 millones de beneficios conseguidos por las eléctricas a consecuencia de los altos costes de la luz.

Los costos de la electricidad vienen marcados por aquellos a los que cierre la tecnología más cara en producir electricidad, frecuentemente los ciclos combinados, que a los costos derivados de la polución que producen –derechos de emisión de CO2– suman los de la propia materia prima, el gas, con una evolución alcista tras el paulatino regreso a la normalidad. Todos los otros costos se casan dependiendo del más costoso (mercado marginalista), con lo que las nuclear y también hidráulica, con un costo de producción inferior y con sus costos de inversión amortizados, conforme comprende el Gobierno, recogen una remuneración auxiliar, los llamados «beneficios caídos del cielo», que en función de los costos actuales por la emisión de CO2 de unos cincuenta euros por tonelada suponen esos primeros mil millones de recorte.

Mas las nucleares contraatacan contra el anteproyecto de ley. El campo ha advertido al Ejecutivo que las centrales, cuya inversión anual es de cerca de trescientos millones de euros, no están amortizadas como sugiere la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera. Además de esto, recuerdan que la generación nuclear está hoy día en pérdidas a consecuencia de una tributación que consideran “desproporcionada, discriminatoria y confiscatoria”.

Los costos operativos y los impuestos de las nucleares se han disparado en los últimos tiempos y los ingresos han caído, denuncian. Si tomamos como un ejemplo las centrales de Endesa, el costo final de la generación nuclear en sus plantas asciende a cincuenta y seis euros por megavatio hora, incluyendo los costos de capital. Si se tienen presente los costos operativos, sumando solo los gastos por sostener operativa la central, los costos fijos y recurrentes y los impuestos, el costo asciende a cuarenta y cinco euros por megavatio hora. De estos, veintiuno con cuatro euros son impuestos.

Desde el año dos mil cinco, tomado como referencia en el anteproyecto de Ley, y hasta dos mil veintiuno, los tributos que aguantan las instalaciones de generación nuclear se han aumentado en cerca de veinte euros el megavatio hora, representando el sesenta por ciento de sus ingresos en dos mil veinte.

La nuclear asegura que las plantas no están amortizadas y que, en los cómputos y cuentas de resultados auditados de las compañías dueñas de las centrales, conocidos por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, el inmovilizado pendiente de amortizar es superior a cinco.500 millones, con más de tres mil millones invertidos solo en los últimos diez años. Además, a partir de ahora hasta el final de su funcionamiento va a ser preciso invertir en torno a tres mil millones para sostener las unidades en inmejorables condiciones de seguridad y confiabilidad.

En dos mil veinte, y a consecuencia de los bajos costos de la electricidad, las plantas de energía nuclear tuvieron un flujo de caja negativo de unos quinientos millones, conforme con el informe de PwC para Foro de discusión Nuclear, y unas pérdidas superiores a los mil millones. Con el anteproyecto de Ley mandado al Congreso, dicho flujo de caja negativo se habría aumentado significativamente, al haber estado el coste de los derechos de emisión de CO2 en un costo promedio de veinticinco euros por tonelada.

Dada esta situación, las nucleares se plantan y conminan con cerrar si el Gobierno no da marcha atrás. ¿Pueden hacerlo? El Gobierno lo niega, mas las eléctricas sí pueden pedir el cierre. Otra cosa es que se les dé autorización. “Claro que podemos solicitarlo, ¡faltaría más! ¿Se imagina que el Gobierno le fuerza a sostener abierto su comercio perdiendo cinco.000 euros todos y cada uno de los meses? De esta forma a lo largo de diez años ¿De qué manera me obligará a arruinarme?”, asegura a LA RAZÓN Ignacio Araluce, presidente de la patronal nuclear.

Mas es que, además de esto, las eléctricas tienen otro “as” en la manga. Si bien Endesa, dueña prácticamente en su totalidad de la central de Ascó (Tarragona) ya ha pedido la renovación de la licencia de explotación hasta dos mil treinta y uno y ha recibido el visto bueno del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), el proceso todavía podría paralizarse. El plazo de explotación de los 2 reactores (el primero es propiedad al cien por ciento de Endesa, y del segundo Iberdrola tiene un quince por ciento ) expira el próximo veintidos de septiembry también, con lo que la resolución terminante para prologar nueve años más su actividad para la unidad 1 y diez años para la unidad dos debería tomarse en estas semanas por el Ministerio de Transición Ecológica de Ribera.

Y además de esto queda la central manchega de Trillo, cuyo plazo de explotación expira en el mes de noviembre de dos mil veinticuatro y sobre la que no se ha pedido todavía la prórroga. Es verdad que hay margen suficiente para empezar la tramitación, hasta dos mil veintitres, mas sus dueños (Iberdrola al cuarenta y nueve por ciento , Naturgy treinta y 4 con cinco por ciento , EDP quince,5 por ciento y Endesa 1 por ciento ) podrían pegar no solicitando la renovación de la autorización. “No contemplo un cierre adelantado de las centrales ni tampoco que no se solicite la renovación de la autorización de explotación de Trillo, mas pues considero que España no puede permitírselo. La nuclear es una tecnología esencial en la transición energética, como reconoce el propio Gobierno. Ahora bien, si no se hace nada y se cumplen las previsiones de costos para el mercado nuclear no habría aptitud. Comprendo que si las centrales fuesen públicas podrían operar a pérdidas pues las financiaría el Estado, mas una compañía privada no puede permitirse ese lujo”, agrega Araluce.

La nuclear es tan vital que las paradas de recarga de comburente previstas en el mes de noviembre en los reactores uno de las centrales de Almaraz y Ascó, y el de Cofrentes pone los pelos de punta al Gobierno por la tensión auxiliar que producirá en el costo de la luz. Tanto que se piensa en retardar la parada de Cofrentes.

Mas, ¿cuánto impacta la parada de un reactor en el costo de la luz? “Es complicado hacer la cuenta de un reactor. Habría que examinar el instante en el que se para, los costes de las materias primas en los mercados. No obstante, calculamos que con una parada de los siete reactores el coste subiría un veinte por ciento y ese sería el mal menor. Lo más alarmante sería la garantía del suministro, que estaría de verdad riesgo y que se dispararían las emisiones de CO2, pues habría que tirar más de los ciclos combinados, lo que nos llevaría a temporadas pasadas”, explica Araluce.

“La transición energética se fundamenta en ir montando cantidad de renovables, sobre todo fotovoltaica y eólica, mientras que se para el lignito. Si hubiese que cerrar nucleares ya antes del calendario de cierre fijado entre dos mil veintisiete y dos mil treinta y cinco, el sistema no estaría preparado”, remarca el presidente de Foro de discusión Nuclear.

Las eléctricas solicitan negociar un coste fijo para subsistir. En un reciente informe sobre fiscalidad nuclear PWC destacaba que “el contexto de mercado futuro conduce a las nucleares españolas a la quiebra técnica, con destrucción de caja amontonada de dos.400 millones, con lo que urge, de la misma manera que se ha hecho en otros países europeos, proponer soluciones de aptitud que les garanticen un resultado unos cinco euros MWh superior, para no operar a pérdidas, e incluso de quince MWh.

En Francia, donde la generación nuclear es dominante, no tienen los trece con cuatro euros de impuesto nuclear y los costos totales en vez de ser cincuenta y seis euros son cuarenta y tres euros MWh, el coste fijo es de cuarenta y nueve euros el MW/h. “Se debería actuar en los 2 frentes: rebaja impositiva y costo fijo. Mas a este nivel impositivo, planteamos una venta avalada por el Gobierno para cubrir el PVPC (la tarifa regulada) a cincuenta y siete-sesenta euros MWh, lo que evitaría los vaivenes en los costes diarios”, señala Araluce.

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