Economía

La revuelta de la destacada empresa frena el ataque a la reforma laboral

La enésima contrarreforma laboral «interruptus» con Pedro Sánchez en un Gobierno ha resultado considerablemente más traumática que las precedentes. No solo por el hecho de que ha destapado a carne viva las vergüenzas de una «coalición zombie», donde cada pieza desmembrada baila a su aire como en aquel mítico videoclip de Thriller con un Michael Jackson de ultratumba al frente, sino más bien por el hecho de que ha terminado de aburrir a la elite empresarial de España, que debió movilizarse durante la tarde del miércoles para frenar el acuerdo entre Sánchez y también Iglesias con Bildu para tumbar de forma «íntegra» la legislación laboral en vigor en pleno estado de alarma. Más todavía, el acuerdo del que ahora reniegan los socialistas –o cuando menos el campo que todavía no ha sido fagocitado por Podemos– debía eliminar la reforma del Partido Popular antes que terminara la prórroga del estado de alarma.

Esta situación suponía retornar al empleo fijo «blindado» en el que las indemnizaciones por despido resultaban tan exorbitantes para la flexibilidad laboral que ceñían el mercado hasta hacer imposible el desarrollo de las compañías. Por esta razón, una parte de los grandes patrones del Ibex treinta y cinco se vieron obligados a tomar cartas en el tema y también informar al Gobierno de que el solo anuncio de que la reforma laboral se iba a derogar «íntregramente» podía provocar un aluvión de despidos antes que se hiciese eficaz dicha derogación, conforme pudo saber LA RAZÓN de fuentes empresariales. Esta eventualidad habría puesto en más aprietos aun a la economía de España, que encara el cierre del año sin el quince por ciento de su Producto Interior Bruto por los bandazos del Gobierno en la desescalada turística.

Los empresarios recordaron a múltiples miembros del Ejecutivo que con la presente legislación laboral se ha recuperado más del setenta por ciento del empleo triturado a lo largo de la Gran Recesión, prácticamente 4 millones de puestos desde los máximos de ocupación de finales de dos mil siete (veinte,7 millones de trabajadores afiliados) a los mínimos alcanzados a comienzos de dos mil catorce (dieciseis con nueve millones cotizantes). Desde ese momento, la reforma laboral y los llamados vientos de cola que España aprovechó, consiguieron recobrar hasta la presente crisis más de tres millones de trabajos.

Desde el instante en que se empezaron los brotes verdes del mercado de trabajo a principios de dos mil catorce, los gobiernos populares consiguieron producir dos,4 millones de puestos, a razón de ciento cuarenta y mil ciento setenta y seis ocupados más por trimestre hasta el momento en que Rajoy fue desalojado de la Presidencia del Gobierno en una petición de censura encabezada por Sánchez.

Los empresarios recordaron asimismo que desde dos mil doce se han duplicado las conversiones de temporales en indefinidos y, que si la aprobación de la reforma se hubiese efectuado al comienzo de la crisis de dos mil ocho se habrían salvado tres millones de puestos.

La rigidez laboral forzó a despedir en la precedente crisis

En verdad, insistieron en que fue la rigidez laboral existente en España la que complicó la precisa caída de costos y sueldos en los primeros años de la crisis (la conocida depreciación interna), de forma que el ineludible ajuste se debió efectuar despidiendo. El Producto Interior Bruto amontonó un descenso del nueve con tres por ciento entre dos mil ocho y mediados de dos mil trece, mas las compañías no pudieron amoldarse a ese radical caiga ajustando sus jornadas y salarios. La rigidez de la negociación colectiva, donde primaban los convenios sectoriales sobre los de empresa, hizo que las horas trabajadas subiesen en lugar de bajar y el sueldo real por empleado –descontada la inflación– creciese un ocho con dos por ciento hasta finales de dos mil once. De ahí que, la ocupación cayó un diecinueve por ciento y el paro aumentó en dieciocho puntos porcentuales, hasta superar el umbral del veintiseis por ciento a comienzos de dos mil trece.

La introducción de la reforma y moderación salarial pactada por los agentes sociales para el periodo dos mil doce-dos mil catorce, evitaron de cuajo la pérdida, en un largo plazo, de hasta uno con cinco millones de trabajos y un repunte de la tasa de paro de más de 6 puntos, conforme recordó el día de ayer el «think tank» Civismo.

Mas además de esto, la importante empresa destacó los datos fehacientes surgidos de la implantación de la reforma: que la economía de España consiguió por vez primera en su historia crear empleo con tasas de desarrollo del Producto Interior Bruto inferiores al dos por ciento, lo que con la rigidez precedente habría destruido puestos. En la precedente etapa expansiva en términos laborales, entre dos mil y dos mil ocho, el Producto Interior Bruto de España medró treinta y uno puntos, por los catorce con uno de Alemania; los dieciseis con cuatro puntos de Francia; y los doce,4 puntos de Italia. La flexibilidad introducida por la reforma, con la prevalencia del acuerdo de empresa, despidos objetivos por causas económicas de veinte días y doce mensualidades y también improcedentes que pasaron de cuarenta y cinco días y cuarenta y dos mensualidades a treinta y tres días y veinticuatro mensualidades consiguieron estimular el mercado de trabajo, como reconocieron el Banco de España, el Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea.

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