La subida del ocho con cinco por ciento  en las pensiones se “come” quince y trescientos millones extra de los Presupuestos
Economía

La subida del ocho con cinco por ciento en las pensiones se “come” quince y trescientos millones extra de los Presupuestos

El PIB medrará el año próximo menos de la mitad que este año –del cuatro con cuatro por ciento al dos con uno por ciento – y no volverá a niveles prepandemia hasta el segundo semestre de dos mil veintitres; la deuda no bajará del ciento nueve por ciento ni en 2025; el déficit se bloqueará este año en el cinco por ciento , si bien pretenden bajarlo al tres con nueve por ciento merced al efecto de la inflación en dos mil veintitres, y la tasa de paro proseguirá en el ambiente del doce por ciento . Con estos frágiles mimbres, el Gobierno de Partido Socialista Obrero Español y Podemos ha cerrado para dos mil veintitres los Presupuestos Generales del Estado «más expansivos de la democracia española» –dijo la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, a lo largo de su presentación–, con un techo de gasto de más de ciento noventa y 8 mil millones de euros, el mayor de la historia. Fía su suerte el Ejecutivo en estas cuentas con una expansión sin precedentes del gasto a la previsión de una mejora récord de los ingresos. Y ha hecho su apuesta a pesar de haber revisado a la baja la previsión de desarrollo económico para dos mil veintitres, hasta el dos con uno por ciento –seis décimas menos– y haber elevado su estimación del llamado deflactor del consumo privado –indicador afín al IPC–, hasta el cuatro con uno por ciento . En consecuencia, se juega su proyecto social a una histórica entrada de ingresos.

En las cuentas presentadas se consignan unos ingresos no financieros de trescientos siete mil cuatrocientos cuarenta y cinco millones, un seis por ciento más, con una colecta tributaria récord de doscientos sesenta y dos mil setecientos ochenta y uno millones, un siete con siete por ciento más, y un fuerte desarrollo de las entradas por IRPF (siete con siete por ciento ) –por la mayor presión a las clases medias–, el impuesto de Sociedades (siete con siete por ciento ) –empujado por los nuevos gravámenes– y el IVA (cinco,9 por ciento ) –gracias al impulso concedido la inflación, no por el incremento del consumo–.

Este incremento substancial de los ingresos tiene asimismo que ver de manera directa con el nuevo bulto fiscal anunciado por Montero la semana pasada, que incluye el nuevo impuesto a las grandes fortunas, el incremento del impuesto de las rentas del capital desde doscientos euros y la subida del Impuesto de Sociedades para las grandes empresas.

A lo largo de toda la conferencia de prensa, la ministra de Hacienda deseó dejar clara la motivación social de estas nuevas cuentas públicas –lo repitió con insistencia doce veces–, con un gasto jamás visto en este apartado, que especificó en el refuerzo de la sanidad –especialmente la atención primaria, destacó–, la educación, la dependencia, las becas y las familias, a las que se va a apoyar con el despliegue de una Ley de Familias, que incluirá nuevas posibilidades de veintidos y trescientos millones.

Para encarar este gasto, el Gobierno ha consignado una partida de doscientos sesenta y 6 mil setecientos diecinueve millones –un diez por ciento más y la más alta de la historia–, por lo que 6 de cada diez euros presupuestados van a ir destinados a encarar la «factura social», incluyendo las pensiones. Solo en este apartado, destinará ciento noventa seiscientos ochenta y siete millones, lo que supone una subida del once con cuatro por ciento con respecto a la partida de dos mil veintidos, debido a su actualización conforme con el IPC, que Montero estima en un levanta «en el ambiente del ocho con cinco por ciento », si bien detalló que el dato terminante se derivará del dato de inflación con el que cierre noviembre. En dinero contante y sonante, ese ocho con cinco por ciento se «comería» quince y trescientos millones de los Presupuestos. Esta dotación servirá tanto para costear el incremento del número de pensionistas como la propia revalorización con el IPC, mas no para engordar la hucha de las pensiones. Para esto, las cuentas van a deber efectuar una aportación excepcional al Fondo de Reserva de dos mil novecientos cincuenta y siete millones, procedentes del recién creado mecanismo de equidad intergeneracional. Sin embargo, esta cantidad solo da para abonar 8 días de pensiones. Además de esto, el Estado elevará las trasferencias corrientes a la Seguridad Social en dos mil quinientos cuarenta millones para cubrir el orificio de la subida de las pensiones contributivas, no contributivas y las de la prestación para el cuidado del menor.

La otra gran partida en posibilidades se dirige cara el mercado laboral: veintiuno.278 millones de euros para cubrir el desempleo, un cinco,3 por ciento menos que en dos mil veintidos. El importe destinado al promuevo del empleo pasa de los siete mil seiscientos cuarenta y ocho millones de dos mil veintidos a los ocho mil veintinueve millones de euros para dos mil veintitres, un ocho con nueve por ciento más. Del monto del actual año, quinientos ochenta y seis millones de euros proceden de los fondos europeos y siete mil setecientos cuarenta y tres millones de los recursos nacionales. Dentro las actuaciones de protección y promoción social, la única partida que cae es la dedicada al desempleo.

Otras partidas que medran en su presupuesto se refieren al gasto en personal –un seis,6 por ciento –, ya que Hacienda ha incluido ya la subida salarial de los empleados públicos, del dos con cinco por ciento fijo y 1 por ciento variable.

Con estas cuentas, la ministra de Economía, Nadia Calviño, insistió en que España sostendrá este año y el próximo unos «niveles de desarrollo superiores a la media de la zona euro y los primordiales países desarrollados», on line con las estimaciones de los primordiales organismos nacionales e internacionales. Asimismo negó que haya síntomas de desaceleración económica, con lo que justificó así la subida de una décima en la previsión de desarrollo para este año, al cuatro con cuatro por ciento , a pesar del recorte de 6 décimas el año próximo, hasta el dos con uno por ciento . En lo que se refiere a la deuda, Calviño explicó que proseguirá la ruta descendente iniciada tras la pandemia merced al desarrollo económico y la reducción del déficit público. Concretamente, se ubicará en el ciento doce con cuatro por ciento del PIB. La previsión del desarrollo del empleo cambia solo dos décimas (baja del cero con ocho por ciento al cero con seis por ciento ), al tiempo que la de la tasa de paro proseguirá en el ambiente del doce por ciento –un once con siete por ciento prevé el Ministerio a final de 2023–, con el pronóstico de lograr veintiuno millones de personas ocupadas.

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