Economía

¿Más impuestos? Los españoles ya están a la cabeza mundial en esmero fiscal

Como una cantilena insoportable que se repite sin cesar, los españoles deben oír una y otra vez que la presión fiscal en España está muy bajo la media europea. Esta aseveración, esgrimida cada cierto tiempo por la alianza de Gobierno socialcomunista encabezada por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, pretende justificar las subidas de impuestos que planea el Ejecutivo para abonar su aluvión de gasto público y que ahogará todavía más a los impositores. «España tiene margen fiscal para subir los impuestos en el equivalente de 6 puntos porcentuales de Producto Interior Bruto, la distancia que aparta al país de la presión fiscal media que hay en los países de la eurozona», advirtió hace un mes la ministra de Hacienda y portavoz del Gobierno, María Jesús Montero. Esto supondría el equivalente a desplazar setenta y dos millones de euros de las manos privadas hacias las administraciones públicas. La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz (del ala «morada» del Ejecutivo), elevó esta cantidad hasta los ochenta millones de euros. «Creo que hay acuerdo en este país de que hay injusticia social. Y creo que hay acuerdo de que ahora hay que asistir a quienes más lo precisan y me da la sensación de que una herramienta clave es la fiscalidad», afirmó para referirse a la «necesidad» de comparar la presión fiscal en España con la media europea.

El inconveniente es que es realmente posible que no sea la presión fiscal el indicador más fiable para determinar si los españoles pagan muchos o bien pocos impuestos en comparación con sus vecinos europeos, tesis que fortalece un reciente análisis publicado por Funcas, el «think tank» de las cajas de ahorros. Los doctores en Economía José Félix Sanz (directivo de estudios tributarios de Funcas) y Desiderio Romero (estudioso del departamento), mantienen que el índice de presión fiscal «es un índice impreciso, poco informativo y de una utilidad limitadísima para efectuar prescripciones de política fiscal» y informan de que España es uno de los países del Viejo Continente donde más esmero debe hacer sus ciudadanos para abonar sus impuestos (más asimismo que en EE UU y el país nipón), a pesar de que esté en la parte media-baja de la tabla en lo que se refiere a presión fiscal.

«El Gobierno planea subir los impuestos apoyándose esencialmente en el razonamiento de que España presenta una presión fiscal más reducida que la media europea», afirman, para explicar que una misma presión fiscal puede demandar sacrificios fiscales muy diferentes. «Por ejemplo, si se aplicara la presión fiscal de Dinamarca (cuarenta y cinco con cuatro por ciento ) a España, el ahínco fiscal demandado a los españoles sería considerablemente más elevado: los daneses tienen una renta por cabeza de cincuenta y uno y seiscientos euros anuales, al paso que la renta por cabeza de España es menos de la mitad (veinticuatro euros). Esto es, presión fiscal y esmero fiscal son 2 conceptos diferentes. De ahí que, si las desigualdades económicas entre países preocupan, el índice de presión fiscal como indicador impositivo es muy deficiente».

De este modo, si bien la presión fiscal de España (treinta y cinco con setenta y cuatro por ciento ) ocupa el puesto quince, el sacrificio fiscal que se demanda a los españoles está por encima del demandado a la mayor parte de los impositores de los países analizados. En dependencia del índice empleado, España ocupa el cuarto o bien quinto puesto en sacrificio fiscal. Solo Grecia, Portugal y también Italia demandan un esmero fiscal mayor a sus impositores, lista a la que habría que incorporar Francia si se emplea el llamado índice de Frank. Resalta el caso de los países norteños, Alemania y también Irlanda, «considerados paradigma del Estado del Bienestar, que pese a tener altos niveles de presión fiscal demandan un sacrificio fiscal a sus impositores considerablemente más bajo que el español». El motivo es que tienen una población enormemente productiva con una renta por cabeza elevada. Por esta razón, Funcas advierte que «el empleo inconsciente que se da al índice de presión fiscal conduce a la prescripción de políticas arriesgadamente erradas, en especial en una recesión económica como la que estamos viviendo».

Más presión que en Suecia

Apuntan desde Funcas que si, por poner un ejemplo, quisiéramos que los españoles aguantasen exactamente el mismo esmero fiscal que los suecos, la presión fiscal de España no debería subir, si no todo contrario, debería bajar en nueve con uno puntos de presión fiscal hasta ponerse en el veintiseis con sesenta y tres por ciento . «El resto de las cantidades charlan por sí mismas y dejan acabar que la presión fiscal de España, en el momento en que se ajusta por esmero fiscal, se encuentra entre las más altas de su entorno». Conforme el análisis, la crítica al índice de presión fiscal no es su cómputo en sí, sino más bien el «obsesivo empleo que se le da transformándole en el factor esencial, prácticamente único, sobre en el que el descansa el discute actual de la reforma tributaria. Incluso siendo útil, su estrellato es desmedido. Un análisis estricto de los sistemas tributarios precisa de la aplicación de técnicas estadísticas, econométricas y de modelización matemática considerablemente más elaboradas que el simple cociente de 2 macromagnitudes, como son la colecta y el Producto Interior Bruto. La presión fiscal ni mide cuestiones distributivas, ni aspectos de eficacia económica ni consideraciones de bienestar social».

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