Mira siempre y en todo momento el lado bueno
Nacional

Mira siempre y en todo momento el lado bueno

Cuesta no ponerse lampedusiano frente a la crisis de gobierno. Mas el sujeto en Moncloa, nuestro muy amado líder, no merece líricas parrafadas bendecidas por el ojo de Visconti y la música de Nino Rota, sino más bien la resignada mueca de quien sabe que sacrifica a los suyos en una rehabilitación tan altilocuente como como bien masticada. Sus movimientos, ahora y siempre y en toda circunstancia, solo deben interpretarse en términos etológicos, propios del leopardo con perfección amoldado a la supervivencia y con una compañía de gacelas, crías de babuino, jabalíes verrugosos, antílopes y también impalas que entran y salen de las proximidades de la charca a fin de que el otro cace.

Se confunde quien vea señales lumínicas tras la caída de José Luis Ábalos, el de la cuchipanda de madrugada en Barajas para percibir a una tipeja que viaja con maletines negros y tiene prohibido aterrizar en la Unión Europea por pertenencia a un narcogobierno acusado de cientos y cientos de desapariciones, mordaza y torturas. Igual que yerra si consideran que con la salida de Miquel Iceta de Administraciones Públicas vamos a ganar algo o bien que es de nuevo posible que la aplicación de la ley no sea escándalo en ese Far West indecente y tribal previamente conocido como Cataluña. Los substancial allá, si bien asimismo haya caído el ministro Juan Carlos Campo, mascarón de unos indultos dignos del Viejo Régimen, son los miles y miles de millones en ayudas europeas, conectados para adquirir favores al paso que el PSC prosigue consagrado a sus bien retribuidas tareas de mamporerro al servicio de los de arriba, sometiendo a los pobres idiotas que aún, tantos años después, aún protestan por ser tratados como ciudadanos de segunda categoría. En lo que se refiere a Mr. Ábalos, extrañaremos su inestimable dandismo, sus modales deliciosos, sus refinados análisis políticos, su insuperable respeto por la verdad y, uy, la inteligencia extraña. Mas la conducta del señorito que lo sostuvo semeja inconquistable. Brutal con el de abajo y suave, con dejes de encelado sicario, con los que mandan.

Las crónicas asimismo van a dar cuenta ineludible del ascenso de alquien como Pilar Llop, que en dos mil diecinueve tuvo la desvergüenza de decirle a El País, mencionando a la violencia contra las mujeres, que «Una democracia en la que la mitad de la población vierte violencia sobre la otra mitad no es democracia». Hay que ir muy mas que muy sobrado de cinismo, o bien llevar el tanque de comburente al máximo de fraudes mentales, para aseverar que en España la mitad de sus ciudadanos, , los hombres, desaguamos violencia, dolor y muerte sobre la otra mitad. De este modo, con armas y a lo ido. A despecho de todo cuanto sabemos. De las estadísticas y los informes del Ministerio del Interior. Del ranking que ocupamos a nivel del mundo en los indicadores que miden la violencia familiar y/o de género. Bah. Para Llop, recuerden, esto no es una democracia. Todo lo más va a ser un feminicidio. En sesión continua. O bien Urbe Juárez sin Roberto Bolaño y aureolada con los fantasmas de miles y miles de cadáveres. A Llop la vemos muy dispuesta para competir con la cuota desquiciada del gobierno, que prosigue teniendo en Irene Montero a nuestra suma sacerdotisa del pensamiento retrógrado. Que Carmen Pelado, por último achicharrada a la espera de nuevas mamandurrias, haya acabado por ser el semblante de la sensatez en frente de los planteamientos zumbados de esos que el día de ayer no más recitaban a Togliatti y ahora son apóstoles de Judith Butler y sus ininteligibles pasquines posmo, puesto que oigan, da la medida del gran desastre. Del marasmo intelectual y también ideológico donde proseguimos. Siempre y en todo momento a tiempo de una nueva ley aún más lesiva para la igualdad y la seguridad jurídica y siempre y en toda circunstancia en busca del nuevo pelotazo cultural que queme las redes, bañe con gasolina el solitrón de las tertulias y engrase de preciosa nitroglicerina la acelerada corrosión del Estado de Derecho. Afirmaba el pasado día en estas páginas el letrado Alejandro Molina que la alianza que mantiene a Sánchez no vino a hacer política sino más bien a mudar las reglas del juego. En eso está, con la destrucción creativa del Tribunal de Cuentas y el capítulo inminente de la reforma del delito de sublevación, que nos deja vendidos y a la merced de una banda. Desaparece Iván Redondo, mas tenemos escrito que sus virtudes astutas estaban sinceramente sobrestimadas. Como tiene escrito un amigo, miren siempre y en toda circunstancia el lado bueno: «la nueva portavoz semeja que habla castellano y también Iceta igual termina los estudios básicos al entrar en Cultura».

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