Nacional

Política fugaz

Cuando Albert Einstein elaboró sus teorías físicas poco podía imaginar que la política de España del siglo veintiuno edificaría su esencia desde la relatividad. Tal y como si fuera una guía explicativa de los cambios resplandecientes que vivimos y de la estable inestabilidad en la que nos movemos, nos deja contextualizar este ritmo enloquecido mediante esos 2 factores que fijó el físico alemán: en el tiempo (los últimos 6 años semejan una era en sí) y en el espacio (limitado y escaso para tanto partido, plataforma o bien confluencia). Y en ese ambiente en el que se impone lo relativo, sin contornos claros, brota el fenómeno de la fugacidad en la política, al que asistimos más sorprendidos día a día. Una espiral de bandazos en la que se crean y se destrozan políticos y partidos (con sus ideologías y planteamientos): lo que creíamos inalterable, cambia; lo que iba a ser, ya no es; quien iba a estar, ya no está. Centrándonos primero en los protagonistas, ya antes de las formaciones, resulta singularmente atractiva la velocidad con que la ferocidad del discute público traga a quienes venían para mudar todo y quedarse y, en cambio, no cambiaron demasiado y se fueron. La lista de bajas aumenta conforme se suceden, y no se frenan, las campañas electorales que actúan como una suerte de trituradora de trayectorias desde dos mil quince.

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