¿Por qué razón la gota fría es tan violenta?
Sociedad

¿Por qué razón la gota fría es tan violenta?

Llovizna más y llovizna más veces. Semeja que esa es la idea que muchos nos hacemos al examinar la recurrencia reciente de acontencimientos como los últimos capítulos de gota fría del Mediterráneo.

Las cantidades lanzadas por las lluvias de esta semana en Valencia, Alicante, Murcia y Almería se encuentran entre las mayores de las que se tienen registros. No, no son las peores de la historia. Las riadas del cincuenta y siete en Valencia, por servirnos de un ejemplo, amontonaron más agua y asolagación. Mas sí se hallan entre las más sorprendentes. Sobre todo por el patrón de comportamiento de las lluvias. Es lo que, al habla con el catedrático de Análisis Geográfico Regional en la Universidad de Alicante y presidente de los geógrafos españoles, Jorge Olcina, llama una especie de «monzonización» del Mediterráneo.

Ciertas características particulares de los últimos capítulos hacen meditar que las gotas frías actuales (permítanme que prosiga aferrándome al término tan gráfico y clarificador en perjuicio del tecnicismo DANA que los especialistas prefieren emplear) no son como las de ya antes. Primeramente, se aprecia cierta aceleración en su capacitación. Los procesos de convección que dan sitio a la acumulación de nubes de tormenta semejan ser más veloces, se llega con más velocidad al punto crítico que provoca lluvias torrenciales. Y las descargas de agua son asimismo más repentinas, más brutales. La razón puede radicar en la temperatura de las aguas del Mediterráneo. En las últimas décadas se ha constatado un leve mas incesante incremento de las temperaturas del agua del mar. Y es exactamente el calor de la masa de agua mediterránea lo que sirve de comburente para las gotas frías.

Aparte de ese calor superficial que aumenta el registro de los termómetros atmosféricos, a fin de que se genere un episodio torrencial hace falta el contacto con una bolsa de aire frío descolgada del norte del Atlántico (de ahí lo de «gota fría»). El tiempo del planeta está regulado, entre otros factores, por una corriente de chorro que circula de Oeste a Este en las cercanías del Atlántico Norte, rodeando el polo. Como es una corriente de aire a alta velocidad acostumbra a ser estable y forma una suerte de barrera para las borrascas del Norte. De esa manera, a nosotros no nos llegan los frentes tormentosos septentrionales con tanta asiduidad como debiesen, y por contra nos vemos bañados más por sistemas de altas o bien bajas presiones del Atlántico más caluroso.

Mas en ocasiones esa corriente se desvía formando curvas como meandros de ríos y empujando cara el sur (Península Ibérica) aire frío del Norte (próximo al Ártico). Esas bolsas de aire frío, esos descolgamientos, semejan ser poco a poco más usuales quizás por el hecho de que el incremento de las temperaturas en el Ártico frena la velocidad de la corriente en chorro. El resultado es que tenemos gotas frías en más periodos de año que ya antes. El fenómeno hace unas décadas era exclusivo prácticamente de los meses de agosto (a finales) y septiembre o bien octubre, cuando se sostiene el efecto de la máxima temperatura alcanzada por el mar en verano. Mas ahora no es extraño padecer gotas frías en el mes de julio o bien en Semana Santa.

Mas para comprender la gravedad de lo ocurrido esta semana debemos invocar asimismo al factor humano. Conforme me comenta asimismo Olcina, en la cuenca del Segura hemos vivido un paradójico efecto de «falsa sensación de seguridad». Desde las catástrofes de mil novecientos ochenta y siete se puso en marcha un plan de defensa de las inundaciones que contemplaba, entre otras muchas cosas, la creación de cauces artificiales para encauzar las aguas del río. Se trata de cauces hormigonados que acompañan al Segura hasta su desembocadura. Se pensaba con esto que por más que subiesen las aguas, no se iban a generar desbordamientos. La realidad ha sido muy diferente. Lo ocurrido esta semana prueba que quizás no se había tenido en cuenta en los cálculos la posibilidad de absorber lluvias de tan enorme calado. Los cauces artificiales son, además de esto, barrera de hormigón que una vez producido el desbordamiento impiden que las aguas procuren un camino de retorno natural. La inundación no puede recanalizarse de manera espontánea y sostiene inundados los terrenos hasta el momento en que el agua desaparece por evaporación o bien filtración.

Para colmo, ciertas urbes como Orihuela prefirieron sostener el río en su paisaje, atravesando zonas urbanas lo que genera un indeseado efecto de cuello de botella. Amamos el agua, queremos vivir en las cercanías del río, está en nuestra naturaleza convivir con él. Mas, en ocasiones, debemos abonar un coste demasiado alto por esta razón.

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *