Salir de la capital de España
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Salir de la capital de España

En el Congreso, sobre los restos del Convento y la Iglesia de los Clérigos Menores del Espíritu Santurrón, sus señorías charlaron con lenguas de fuego. El título de la serie me lo planteó el día de ayer noche Raúl del Pozo, en cuya magistral “Grada de los leones’’, que alguien debiese reunir en un libro, beben estas lenguas flamígeras, de versista, alumbrado o bien borracho, mientras que la oposición y el gobierno se echan los trastos a la jeta. Llegué a la tribuna tras pasar de puntillas, estremecido, en frente de los retratos de Galdós, Fernández Florez, Azorín, Camba, Josefina Carabías y Pla. Los del recado de redactar somos ingenuos, infantiles y un punto ególatras, mas asimismo mitómanos. Cuesta no conmoverse delante de los monstruos sagrados.

Apenas alcanzaba a sentarme cuando Pablo Casado disparó una pregunta popurrí que remataba en vísperas del apocalipsis. Sentado a mi izquierda el enorme Jorge Bustos tomaba notas para amartillar su crónica de acero. Pensé en Umbral, en Vicent, en Gistau. Medité sobre los grandes cronistas y oradores. Tomé tierra con la alocución de una Miriam Nogueras, portavoz de Junts per Catalunya, pasmosa. La mujer que conforme la Wiki «cursó un postgrado en marketing digital y comercio online que no finalizó», probó veloz y pronto que tras 3 años aguantando la parla borracha de los nacionalistas aún rebosa detritus.

Nogueras charló de «putiferio». Afirmó que el poder judicial de España «abandera el fascismo» y que «el prestigio de España pende de un hilo». Como los predadores a los que representa quedaron fuera de la timba mantuvo que estamos frente a una pantalla de humo, que la mesa «no es la solución al expolio y el acoso escolar que padece Cataluña». La mesa es un dislate, claro, mas no por las razones que apuntó su señoría. Y créanme que no es exactamente lo mismo ingerir los delirios de esta gente por T.V. que a unos metros de distancia, con la miembro del Congreso de los Diputados a puntito de arrancarse a virar la cabeza como una Linda Blair más pija y también igualmente extravertida.

En la mañana lapislázuli del miércoles pronto quedó claro que Pedro Sánchez, camaleón de sí, pensaba delegar la defensa de su administración en Nadia Calviño. A la pregunta/vómito de Nogueras, ahogada en un potito de injurias chungas, afirmó no sé qué cosas sobre el baloncesto. Lo propio, entre el muñeco del chotis y un Churchill pintado por un publicista en una cartulina, iba de silbar, pisar flamenco y hacer monerías. «España es democrática», afirmó el guapo, «y el ochenta por ciento de Cataluña desea el diálogo». Da un tanto igual lo que afirme. Los presidentes, presos de los espectros de la Moncloa, acaban por creerse indispensables. Aún más en el caso de Sánchez, que hace apenas un quinquenio, derrotado en las primarias, procuraba curro de repartidor o bien pinche. Volvió de entre los fallecidos y vampirizó el partido. Hay que reconocerle el mérito y entender que ahora desee salirse de los debates por la tangente de unas divagaciones deshuesadas. Su reino no es de este planeta, si bien el cargo, el BOE y el Falcon sí. Cuando Inés Arrimadas le cuestionó por la situación de las familias, enmarañadas por la deuda, los gastos escolares y la inseguridad del bicho, la despachó con la indiferencia que siente por sus potenciales asociados liberales. Prefiere la compañía de ERC, Podemos y Bildu. Con ellos todo es muuucho más ameno.

Agotado el cupo de monerías, la responsable de resguardar la ciudadela fue Calviño. La única al lado de Margarita Robles con un currículo a la altura del cargo. Suyas fueron las mejores réplicas. No tanto cuando tiró de argumentario teledirigido (responsabilidad fiscal, justicia social y reformas económicas de calado) como cuando bajó a la arena y repartió estopa. Mas poco pudo hacer/decir cuando Cuca Gamarra le preguntó si la previsión de desarrollo del seis con cinco por ciento va a ser tan fugaz como la precedente del nueve por ciento . «Está ya a la altura de Pedro Solbes, el peor ministro de la historia de la democracia», disparó la portavoz del Partido Popular, «y terminará igual, escribiendo sus memorias y reconociendo sus errores». Calviño es una tanqueta en un gobierno de chirigota. De esta manera no hay forma, por más que te valoren los altos funcionarios en Bruselas. Cuando interpelada por Iván Espinosa de los Monteros mantuvo que Sánchez les ha «inculcado el rigor, el respeto y la confianza» parecía lista para opositar al club de la comedia. Desgraciadamente entre los talentos de la vicepresidenta primera no figura la vis cómica.

Salí del Congreso con la cabeza volada. Los políticos proseguían zurrándose con lenguas de harapo o bien veneno, allá donde la buena cintura y el mal vinagre cuentan más que la palabra recta. De vuelta a casa saludé al Palace y a Neptuno y crucé al lado del Prado y la Academia. la villa de Madrid, la más libre, la más guapa, la que recibía a los tahúres, los toreros y los escritores, capital europea, bolsa de valores, tablao y chotis electrónico, sonríe bajo un sol como un queso. Afirma el profesor Raúl que salir de la capital de España es siempre y en todo momento un fallo. Qué razón tiene.

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