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Sánchez da trato a Cs de líder de la oposición para aprobar los Presupuestos

Partido Socialista y Ciudadanos (Cs) prosiguen consolidando su relación. Pasito a pasito, y con la disculpa de ir cumpliendo el Plan B que debe quedar listo por si acaso hay un rebrote de la pandemia cuando se levante el estado de alarma. Esta es la disculpa formal para unos movimientos políticos que tienen considerablemente más relevancia a corto y en un medio plazo, si bien a las 2 partes les interese pasear despacio y no adelantar escenarios.

Al Partido Socialista, por la incomodidad que provoca en Podemos y en la mayor parte de investidura su acercamiento a la capacitación naranja. A esta última, por el hecho de que este giro de estrategia para corregir la etapa final de Albert Rivera, que impulsa Inés Arrimadas, debe materializarse con prudencia a fin de que no desestabilice demasiado interiormente.

El día de ayer se formalizó la imagen del encuentro de alto nivel entre delegaciones de las 2 partes, encabezado por la vicepresidenta primera, Carmen Pelado. Tiene más trascendencia la fotografía que el contenido pues el alcance de los pactos cerrados hasta el momento es bastante limitado. Mas estos pactos son razón suficiente para que Ciudadanos pueda sacudirse la condición de partido «sucursal» del Partido Popular en el Congreso. Revitalice su opción de centro, haga servir los diez escaños que logró en las últimas elecciones, y tenga voz propia en el bloque del centro derecha, en el que deja al Partido Popular y a Vox compitiendo por su espacio.

Al paso que el Gobierno asimismo se centra, lo que le suma en estos instantes de alto desgaste por la administración de la pandemia. Disfraza la debilidad parlamentaria que padece. Y descoloca el alegato del primordial partido de la oposición sobre la negativa de Pedro Sánchez al acuerdo. El presidente del Gobierno no busca el acuerdo con el líder de la oposición, mas pone sordina a la protesta de este cuando representa que sí es capaz de convenir con Cs. Mientras que ofrece al partido de Inés Arrimadas la posibilidad de ocupar el sitio preferente que debería tener el primordial partido de la oposición.

El día de ayer Gobierno y Cs se dejaron estimar en la asamblea de trabajo que sostuvieron en Moncloa. En la agenda está oficialmente el «Plan B», mas el propósito de estas aproximaciones supera el diseño de la «nueva normalidad». Moncloa ya ha apuntado que este año no va a haber nuevos Presupuestos, lo que de confirmarse quiere decir que acabarán el ejercicio con los que heredaron del Gobierno de Rajoy. Va a ser en las cuentas de dos mil veintiuno donde el Ejecutivo de Sánchez puede tener que jugarse el todo por el todo, en tanto que en esos Presupuestos deberán recogerse las condiciones que acompañen a la financiación europea.

La inyección de liquidez de Bruselas es un salvavidas para España y para el Gobierno de Sánchez en sí. Mas va a haber que rendir cuentas y Sánchez es posible que para entonces necesite más tener cerca al partido de Inés Arrimadas que a ERC, si bien la capacitación independentista fuera la que le aupara a La Moncloa. El programa del Gobierno de alianza no va a poder sustanciarse en los próximos Presupuestos, y si bien no le guste nada a Podemos, Cs es un asociado considerablemente más fiable y cómodo en Europa que ERC. Asimismo más cómodo que las propias iniciales de la capacitación morada, si bien solo sea pues su programa está más cercano a los ejes de la doctrina económica de Bruselas.

De esta forma, ni Gobierno ni Cs charlan oficialmente de este escenario presupuestario, mas en los cálculos internos las 2 partes saben que el punto y final puede estar en esos Presupuestos para la Reconstrucción.

Sánchez no es tampoco un asociado cómodo para Cs, mas Arrimadas puede copiar la estrategia que prosiguió su partido con Rivera, cuando apostó por facilitar el Gobierno de Rajoy, y también ungirle presidente, a cambio de negociar unas condiciones que entonces le facilitaron una Legislatura de presión y de reivindicación para sí de todas y cada una de las resoluciones positivas que adoptaba aquel Gabinete popular. El Rajoy de entonces cargaba con la mochila de la «corrupción»; el Sánchez de el día de hoy carga con la negligente administración de la pandemia y con sus acuerdos con el independentismo.

Mas el líder socialista es capaz de difuminar esos acuerdos, y hasta negarlos, si le es conveniente políticamente, de igual forma que para ser ungido borró su compromiso electoral de «mano dura», política y legal, contra el secesionismo. El mapa político está repleto de incertidumbres, y quizá la primordial es el papel que terminará asumiendo Podemos en este reajuste de programas y de coaliciones al que fuerza la crisis económica y social. Si bien no lo reconozca, Moncloa sí tiene claro que la geometría variable marcha como eslogan, mas no es viable para sumar en exactamente la misma ecuación el programa de recontrucción de ERC y de Cs.

Tras la asamblea de el día de ayer en Moncloa los 2 partidos dejaron claro que los pactos podrían no haber hecho más que comenzar, si bien no se abordara el tema de los próximos Presupuestos Generales del Estado. Edmundo Bal, portavoz de Ciudadanos, explicó que su partido proseguirá «con la mano tendida para avanzar en propuestas que asistan a los españoles a salir de este instante tan trágico y de la crisis económica que proseguirá a la sanitaria».

Los canales de negociación se sostienen abiertos a futuro. «Nosotros proseguimos haciendo política útil. Haremos una oposición edificante, firme y exigente. Hemos actuado con responsabilidad y lo vamos a continuar haciendo a nivel nacional, y asimismo en las CC AA y en el Parlamento Europeo», sentenció.

Esta situación deja la pregunta de si va a obligar al Partido Popular a proseguir recolocándose tras haber elevado al límite su tono de oposición en los debates del estado de alarma. Esta semana Pablo Casado apeló a la moderación y votó en favor de la renta mínima en el Congreso de los Miembros del Congreso de los Diputados . Asimismo negocia el decreto de nueva normalidad.

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