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Sánchez empieza su investidura bajo la amenaza de Podemos

seis de mayo. Una semana tras las elecciones generales, Pedro Sánchez cita a los líderes de Partido Popular, Ciudadanos y Unidas Podemos en La Moncloa. Emprende una especie de ronda de contactos con los primordiales partidos sin contar todavía con el encargo oficial del Rey Felipe VI para formar gobierno. Las consultas exploratorias apenas lanzan resultados y todo queda pendiendo del resultado de las urnas el veintiseis-M. Ahora, un mes después, cuando el monarca ha formalizado dicho encargo, Sánchez repite la maniobra. El aspirante «in pectore» anunció el día de ayer que la semana próxima empezará una «ronda de contactos formales» con los primordiales partidos –PP, Ciudadanos y Podemos– «para encontrar un punto de encuentro que deje echar a caminar la legislatura». Sánchez prioriza a estas fuerzas, pues son «quienes pueden bloquear o bien facilitar» su investidura, mas lo hace –asimismo– siendo consciente de que los apoyos que precisa no están en esas iniciales de la derecha, que le han adelantado su «no».

Si bien el líder socialista expresó su voluntad de someterse «cuanto antes» al discute en el Congreso que le dejaría convalidar el poder, la verdad es que fuentes de su partido imponían menos prisa a los tiempos. Específicamente, resolvían que la previsión de que la sesión de investidura se celebrara a fines de este mes era efectivamente optimista y que ahora optan por que sea más cerca de la segunda semana de julio que de la primera.

Desde el Ejecutivo se procuraba en las últimas horas sortear las cábalas para formar gobierno argumentando que hay que «respetar los tiempos» en frente de las «prisas periodísticas», por el hecho de que Sánchez no había recibido aún el encargo formal del Rey». Una vez asumido este, consideran –no obstante– que sería preciso formar primero los Municipios y ejecutivos regionales, ya antes de solucionar el mapa de gobernabilidad estatal. Los estrategas de Moncloa desean que todas y cada una de las piezas encajen en el puzle ya antes de desvelar sus movimientos para continuar en el Gobierno. Piensan que el calendario juega a favor suyo, por el hecho de que conforme pasan los días, se abren más escenarios que les favorecen.

Desde este ámbito emiten a baja intensidad y se ha impuesto un «apagón informativo» prácticamente absoluto a lo largo de esta semana, que iba a tener su conclusión con la negativa de Pedro Sánchez a comparecer tras asistir a Zarzuela. Un hecho inusual, que no se había producido ni tan siquiera cuando Mariano Rajoy rechazó el encargo del Rey en dos mil quince. Una resolución que el ex- presidente arguyó entonces frente a los medios en sala de prensa. No obstante, en escaso margen de veinte minutos se corrigió esta resolución y se pasó de asegurar que sería Ferraz quien notificaría del despacho con el Rey
–dado que Sánchez asistía en calidad de aspirante del PSOE– a anunciar que el presidente en funciones comparecería como «candidato a la investidura».

Ahora que cuenta con esta prerrogativa, Sánchez va a deber comenzar los contactos con el resto de partidos que están llamados a facilitar su investidura. En palabras de la presidente del Congreso, Meritxell Batet, es el encargo mismo lo que da inicio al «proceso de investidura» y a la busca de apoyos. Para esto, va a deber restituir la comunicación, comenzando por el que reconoce como «socio preferente». El día de ayer, Pablo Iglesias se quejó de que lleva prácticamente un par de semanas sin charlar con el presidente en funciones. Su última charla fue ya antes del veintiseis-M y los resultados de estos comicios comprometieron las opciones de los morados para presionar al Partido Socialista Obrero Español con un gobierno de alianza. La protesta de Podemos es extendida en el resto de formaciones que han ido desfilando por Zarzuela sin saber cuál era la pretensión real de Sánchez. En este sentido se manifestaron los portavoces del PRC, Compromís, Equo, Alianza Canaria o bien IU, votos –todos ellos– indispensables a fin de que prospere la investidura de Sánchez. Asimismo lo hizo Laura Borrás (JxCat) al paso que confirmó que los miembros del Congreso de los Diputados presos no renunciarán a sus actas –sería «doloroso y lesivo y no tenemos autoridad ética para pedirlo»–, circunstancia que allana sensiblemente el camino de Sánchez cara La Moncloa. Sobre todo tras la oferta de UPN de ofrecer la abstención de sus 2 miembros del Congreso de los Diputados para favorecerla.

Exactamente a cargo de esta circunstancia se ha producido el único instante en el que la dirección socialista ha elevado el tono en público y ha sido para censurar los contactos que el PSN está haciendo para regir Navarra con la connivencia de Bildu. Sánchez va a deber sacrificar el gobierno foral y cedérselo a la alianza de derechas Navarra Suma a cambio de un bien mayor: su investidura. En este sentido se expresó el día de ayer la vicepresidenta Pelado en una entrevista en «La Sexta» en la que apuntó a «la prioridad de situaciones». «Tenemos un gobierno en funciones y unos resultados que nos ponen en la asunción de ese Gobierno de España», aseguró, al paso que advirtió de que «eso significará» que en todos y cada uno de los sitios «seguramente» no se logrará lo que a los socialistas les agradaría.

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