Sánchez y Aragonès se precisan mutuamente
Soria

Sánchez y Aragonès se precisan mutuamente

Absolutamente nadie piensa que Pedro Sánchez y Pere Aragonès hayan centrado su primera asamblea de la mesa en de qué forma diseñar las negociaciones para calmar las tensiones entre el Gobierno de España y el catalán, entre los independentistas y los ciudadanos que se sienten españoles, entre estos últimos, la mayor parte de los catalanes, pese a que los indepes alardean de ser más. Sí en votos, no en sentimientos.

2 horas de asamblea es bastante tiempo para dar vueltas únicamente a la forma de desarrollar las conversaciones y los conjuntos de trabajo que por la parte de Moncloa van a estar ordenados por el ministro Bolaños. Sánchez y Aragonès dedicaron una mínima una parte de la asamblea a la fórmula negociadora mas, sobre todo y sobre todas las cosas, cada uno de ellos de ellos puso sobre la mesa sus exigencias: Aragonès sostiene su empecinamiento en la autodeterminación y la amnistía. Sánchez le afirmó que la autodeterminación ni se mienta, ni se aborda. Aragonès tenía la obligación de vocalizar la palabra autodeterminación, si bien sabía que Sánchez no iba a tomarla en consideración.

Años atrás, Artur Pero, Puigdemont y Tuesta presentaron a Zapatero, Rajoy y al propio Sánchez esa demanda, siempre y en todo momento incluida entre los treinta y cuarenta y cinco puntos que fueron entregando al presidente de turno.

La negativa de Zapatero y Rajoy para abordar la autodeterminación y referendo de autodeterminación fue tajante. La gente de Pedro Sánchez asegura que el presente presidente fue igualmente tajante con Quim Tuesta, mas no trascendió ese talante aparentemente tan defensor de la constitucionalidad sino, al contrario, lo que se percibió fue que era tanta la ansiedad de Sánchez por garantizarse el apoyo parlamentario de los independentistas que les dio alguna alegría. La más esencial, el indulto a los líderes del procés condenados por el Supremo, seguramente la resolución de Sánchez más discutida en sus años de Gobierno, la que provocó más polémica y malestar, aun, entre miembros de su Ejecutivo.

El miércoles pasado, no obstante, el presidente del Gobierno fue claro con su análogo en la Generalitat: «la autodeterminación, ni mencionarla». Había otras muchas materias con las que satisfacer al Ejecutivo catalán, no a los independentistas catalanes. Que semeja que es ahora el propósito de Aragonès: dar prioridad a la administración del gabinete autonómico, aparecer como un líder volcado en solventar los inconvenientes de sus ciudadanos, que no son pocos. Sin dejar a un lado los anhelos secesionistas, mas lo que toca ahora, como afirmaría Pujol, es ungirse del mantón de gobernante.

El día precedente se había producido un hecho inopinado que no habían previsto Aragonès ni Sánchez: Junts tiró tanto de la cuerda que la rompió. Desde hacía meses, las tensiones entre Junts per Cat y ERC medraban de forma mareante, tanto que se preveía una clara rotura.

Autoridad

El ala más radical de JxCat, la de Puigdemont, anunció a pocas horas de que se reuniera la llamada mesa para la negociación, que los expresos Jordi Sánchez y Jordi Turull formarían una parte de su delegación. Aragonès, por vez primera, tuvo un ademán de autoridad: no. En la asamblea solo participarían miembros del Gobierno de España o bien como afirman -del Estado- y del Gobierno catalán. Resultado: Junts renunciaba a ser parte de las negociaciones.

¿Una preocupación para Sánchez y Aragonès? Ninguna. Al contrario: la visualización de la rotura entre los 2 partidos independentistas confirmaba la estrategia de Moncloa de procurar dividir a los separatistas para desgastarlos.

En lo que se refiere a Pere Aragonès, la rotura daba más fuerza a su figura, de forma permanente menospreciada por Puigdemont. Daba comienzo, además de esto, algo que, conforme su círculo más próximo, era su objetivo principal cuando presentó su candidatura a la Generalitat: presentarse como un presidente más moderado que sus predecesores, que no habían avanzado en sus objetivos independentistas pese a la dureza de sus políticas y también, aun, de las manifestaciones callejeras de una violencia tal que provocaron rechazo y temor en un campo esencial de catalanes que aspiraban a la secesión de España mas mediante métodos políticos; en ningún caso, con la violencia identificada con partidos y formaciones antisistema, aun, conjuntos filoterroristas. Métodos que no guardan relación con el seny catalán.

La rotura separatista es esencial para examinar el futuro de las negociaciones. El comienzo formal de los trabajos de la mesa coincide con el instante más bajo de la figura de Puigdemont, que ha llevado la voz vocalista del independentismo en los últimos tiempos y ha dirigido, desde Waterloo, los gobiernos de la Generalitat.

El expresident escapado es el primero que se ha dado cuenta de que las cosas no van como había previsto y el retorno a España se presenta tan lejano que, aun, se ha llevado a su familia a Bruselas. Sus hijas ya han comenzado allá este curso.

El Tribunal Europeo le ha retirado la inmunidad como eurodiputado, lo que quiere decir que no va a tener libertad de movimientos pues podría ser detenido, y el Parlamento Europeo estudia sus conexiones con la inteligencia rusa, de la que siempre y en todo momento se sospechó que colaboraba con los independentistas y ahora ha publicado algún dato en ese sentido el New York Times. Mas lo más preocupante para él es que la unidad destaca por el hecho de que no está en Junts.

A esta capacitación se sumó el PDeCat, el partido que recoge a los ex- miembros de Convergencia, el partido de Pujol y Pero. Nacionalista transformado en independentista, si bien no en su totalidad, siempre y en toda circunstancia ha sido un partido democristiano y conservador, de la burguesía. Hace ya un tiempo que la nueva generación muestra discrepancias profundas con Puigdemont, hasta el punto de que fueron separados en las elecciones últimas catalanas. Cuentan con 4 miembros del Congreso de los Diputados en el Congreso, que han trasladado a los socialistas que no se sienten vinculados a las resoluciones que se tomen en Waterlooo. O sea, que pueden contar con su apoyo.

Por otro lado, ha perdido peso el círculo de Puigdemont, y cada vez tienen más repercusión Laura Borras, presidente del Parlament, Turull y Jordi Sánchez -si bien se llevan muy mal- y el vicepresidente Puigneró. Formalmente, obedecen a Puigdemont, mas los viajes a Waterloo son menos usuales, asimismo los telefonazos y, desde entonces, Aragonès no se conecta telemáticamente diariamente con el expresident como hacía Quim Tuesta.

La España azul. Esta situación da cierta capacidad de maniobra a Aragonès que, asegura una persona próxima, «sigue soñando con la independencia, mas es realista», dando a comprender que no va a imponerla como prioridad en la mesa para la negociación.

Tanto para Sánchez para Aragonès esa mesa es esencial para su porvenir. A Sánchez no le preocupa exageradamente la aprobación de los Presupuestos, puede prorrogarlos. Mira más lejos, a las elecciones generales.

Le preocupan las autonómicas y municipales, que se festejan ya antes, y que hoy en día son azules, por el hecho de que los barones y alcaldes del Partido Popular tienen predicamento y Sánchez se teme que ese voto arrastre al de las generales, donde piensa que Casado no tiene tanto respaldo como ciertas de sus figuras regionales.

La única posibilidad de Sánchez de remontar lo que afirman las encuestas -salvo el CIS- que presagian su descalabro en las generales, es la restauración económica, el día de hoy realmente difícil. Borrar del mapa el inconveniente del independentismo catalán podría darle el margen de confianza para atraer nuevamente al voto de izquierda, si bien sabe que borrar ese inconveniente le costará chorros de dinero y una indignación extendida, sobre todo por la parte de los presidentes autonómicos, incluyendo los propios, por el trato dispar.

Aragonès no va a ser absolutamente nadie en Cataluña -como Tuesta- si no prueba autoridad, si no se distancia de Puigdemont y se vuelca en regir. La mayor parte de los catalanes, el día de hoy consideran prioritario su bienestar vital, muy estropeado por la aventura secesionista.

El resultado de lo que se negocie en esa mesa, el tiempo de las negociaciones, y la capacidad de los reunidos para dar pasos sin que los independentistas, los catalanes no independentistas y el resto de los españoles no se sientan maltratados, va a tener mucho que ver con quién regirá en España tras las próximas elecciones generales.

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