Trapero fulmina a Puigdemont y Forn
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Trapero fulmina a Puigdemont y Forn

Siendo consciente de que debe sentarse sobre el banquillo de la Audiencia Nacional para enfrentar una posible condena a once años de prisión por rebelión, el mayor de los Mossos desenmascaró el día de ayer a Carles Puigdemont y a su ex- conseller de Interior Joaquim Forn. A los dos (y al entonces número 2 del Govern Oriol Junqueras) –explicó a preguntas directas del presidente del tribunal, Manuel Marchena– les advirtió personalmente 3 días ya antes del referendo del 1-0 de que se generarían «necesariamente enfrentamientos graves de orden público y de seguridad ciudadana». En esa asamblea, les instó a cumplir con la legalidad y con la orden judicial de impedir el referendo y, para eludir cualquier equívoco –insistió– les dejó claro que los Mossos «no acompañaban el proyecto independentista».

Sentado a apenas unos metros a su izquierda, el ex- conseller Forn debió oír de qué forma el mayor de los Mossos le recriminaba su «irresponsabilidad» por llamar a votar el 1-O bien a pesar de la orden judicial de evitarlo. En una declaración de más de 4 horas y media, más propia de un encausado que de un testigo, el mando policial deseó presumir de que su pretensión siempre y en toda circunstancia fue acatar los ordenes judiciales desvelando que tras la declaración unilateral de independencia aun tenía listo un dispositivo por si acaso había que detener a Puigdemont y sus consellers.

Estos son los puntos más relevantes de su declaración:

La asamblea clave del veintiocho-s

Tras reunirse con Puigdemont y Forn un par de días ya antes y no salir «especialmente satisfecho», Trapero solicita una nueva cima con el president, Forn, Junqueras y la presidente del Parlament, Carme Forcadell, quien por último no asistiría. Encima de la mesa ya está el auto del TSJ de Cataluña que ordena impedir la consulta, mas el mayor de los Mossos comprueba que «eso no se está parando». La asamblea clave se festeja en el Palau de la Generalitat y en ella trasladan a Puigdemont su «preocupación» frente a lo que consideran inevitable: que se generaran «conflictos graves» de orden público y seguridad ciudadana el 1-O bien pues «iba a haber un par de millones de personas en la calle y quince policías actuando».

El fiscal Javier Zaragoza había intentado con habilidad preguntarle por esa asamblea, mas Marchena lo había impedido pues no era un testigo propuesto por la Fiscalía, sino más bien por Vox, y la acusación popular, incomprensiblemente, no había interrogado sobre exactamente la misma al testigo, lo que constreñía el interrogatorio a este respecto del Ministerio Público. Mas, por último, fue el propio Marchena quien, arrogándose la capacitad del presidente de la Sala de consultar al testigo, cerró la testifical inquiriéndole personalmente sobre esa cita por la que las defensas deseaban pasar de puntillas.

«Hagan su trabajo»

Trapero cogió carrerilla y, en una intervención más propia del alegato final de un acusado que de un testigo, explicó que la bóveda de los Mossos instó a Puigdemont y sus consellers a cumplir la ley y a fin de que «no se equivocasen», les aclaró que la Policía autonómica iba a acatar los ordenes judiciales y no tenía pretensión de «quebrar la Constitución». Al tiempo, agregó, les trasladó su malestar por las declaraciones públicas de ciertos consellers –señalando de manera directa a Forn y Jordi Turull– que proseguían haciendo llamamientos a votar en la consulta ilegal.

Contrariado, Trapero les habría recordado –siempre conforme su versión– que el Tribunal Constitucional les había requerido personalmente a cumplir la orden de suspensión cautelar del referendo, con lo que con su actitud les ponían «en una situación de peligros personales». «Hagan el trabajo que deban hacer», fue la contestación del entonces president.

cuarenta institutos problemáticos

Trapero alertó especificamente al Govern de la posibilidad de que el 1-O bien se generaran incidentes en cuarenta centros de votación, pues en ciertos distritos estaban implantados conjuntos «con un cierto punto de radicalidad» que podrían hacer que la «resistencia pasiva» que se aguardaba por norma general «fuese más allá».

Un «acto ilegal»

A preguntas del letrado de Forn, el mayor recordó la «inquietud» que producía en los Mossos la actitud de «un Gobierno que estaba impulsando un acto ilegal» y que, al tiempo, «tenía un cuerpo policial que necesariamente debía ir en sentido contrario». Unido al hecho de que los llamamientos de Forn y otros consejeros a votar el 1-O bien «confundían a la gente sobre cuál era nuestro papel» y, se quejó agriamente, daba una imagen de la Policía catalana «que todavía estamos pagando».

«Actúen con paciencia»

Dejamos de lado los reproches de Trapero a la Generalitat, el mando policial defendió en todo instante la actuación de los Mossos y negó que su pretensión de conservar la convivencia ciudadana el 1-O bien no fue en ningún caso «una excusa» para cruzarse de brazos. En verdad, ha desvelado que fue la propia juez del TSJ de Cataluña que ordenó impedir el referendo quien personalmente se lo solicitó. «Actúen con paciencia, contención y garantizando en todo instante la paz social», le habría dicho, unas palabras a las que hasta el momento no ha hecho referencia ningún mando policial del dispositivo del 1-O bien.

La «Deriva política»

El testigo justificó los cambios en la Conselleria de Interior, con la llegada de Forn, y en los propios Mossos, en el mes de julio de dos mil diecisiete, en la recta final del «procés», en la «deriva política» del Ejecutivo de Puigdemont. Conforme explicó, el predececesor de Forn, Albert Batlle, «no deseaba correr ningún género de riesgos». «Estábamos incómodos», reconoció el mayor de la Policía catalana.

«Tensión social»

En verdad, esa creciente «tensión social» y «conflictividad» que se vivía en Cataluña –que encarnó en concentraciones, manifestaciones, escraches y pintadas– llevó a la puesta en marcha, a mediados de septiembre de dos mil diecisiete, del «plan Ágora».

veinte-S: treinta y siete llamadas a sánchez

A lo largo de los registros judiciales de la Consejería de Economía, Trapero intercambió treinta y siete llamadas con Jordi Sánchez y solo una con el juez a las once de la noche. Forn, aseguró, le llamó a fin de que se pusiese en contacto con el líder de la ANC, convocante de la queja, que se ofreció a mediar «con la gente con la que tenía ascendencia». Le solicitó que organizara un cordón de voluntarios para sacar a la comitiva por un instante corredor, este policial, protegida por «una cápsula» de veinta agentes. Mas sacar asimismo los automóviles policiales, destrozados, «era imposible» y por último improvisó la salida de la secretaria judicial por la azotea «para ahorrar tiempo» puesto que a esas horas de la noche, el corredor ya no se sostenía.

Choque con de los cobos

Desde el primer instante, su relación con De los Cobos se caracterizó por la «tensión dialéctica». Su nombramiento no le pareció normal y disintió con él «sobre el empleo de la fuerza», que para Trapero solo estaba justificado si había «ataques, violencia» contra los agentes el 1-O bien. Afirmó que le pareció «ofensivo» que el organizador del dispositivo insinuara que se ampararon en el mantenimiento de la paz pública para no actuar. En verdad, mandó al comisario Ferrán López a las asambleas de coordinación, lo que supuso para él «una liberación».

Institutos ocupados

Para Trapero, los Mossos no cerraron ningún instituto ya antes del 1-O bien (el día de la consulta afirmó que fueron ciento treinta y cuatro) por el hecho de que tenían la orden judicial de impedir cualquier «acto preparatorio» en su interior y allá no había urnas ni papeletas, sino más bien «el estado normal de las cosas» y actividades lúdicas. «¿Había pasado ya antes algo igual?», le preguntó perplejo el fiscal Zaragoza. «No, nunca», aceptó, «Pero eso lo veían todos y cada uno de los cuerpos policiales», pretextó.

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