Soria

Una riqueza verde sin explotar – Soria

Si Castilla y León fuera un órgano en el cuerpo de España, sería un pulmón. De color verde, mas con severas contrariedades respiratorias. Y no es que la Comunidad sea fumadora, sino desperdicia la buena salud de sus montes y bosques en beneficio propio. La falta de conocimiento de esta riqueza es exactamente el freno de mano a una respiración a pleno pulmón.

Para efectuar un diagnóstico adecuado resulta necesario retrotraerse hasta mil novecientos ochenta y tres, año en que la zona recibió del Gobierno central las competencias sobre aprovechamientos forestales. Cerca de 2 décadas se precisaron después para articular un plan que perfilase la política y la estrategia que sostienen esta materia. Y no fue hasta dos mil nueve cuando las Cortes de Castilla y León dieron luz verde a su regla suprema, la Ley de Montes. 5 años después, en pleno furor de la crisis económica y como contestación a exactamente la misma, el Ejecutivo autonómico aprobó el Programa de movilización de los recursos forestales con la meta de dinaminizar la utilización por medio de su puesta en valor. Pequeños pasos en una adecuada dirección que, hoy, se antojan deficientes con relación a las dimensiones que maneja la zona.

Con prácticamente 5 millones de hectáreas, Castilla y León engloba más de la mitad –un cincuenta y uno por ciento – de la superficie de empleo forestal del país. Es la comunidad que reina en este campo al multiplicar por tres la media nacional, multiplicar por 6 la europea y duplicar la mundial, conforme los últimos datos del Tercer Inventario Forestal Nacional (IFN3). En este reinado, lo público inclina la balanza de la titularidad con prácticamente un cincuenta y cinco por ciento frente al cuarenta y cinco por ciento de privada.

Exactamente en este punto, el de la propiedad, aparece el primer desfase contraproducente para la propia actividad. Los montes de la Comunidad se dividen entre un pequeño número de titulares que cuentan con más de cien hectáreas –tamaño desde el como la administración es viable–, en frente de una exorbitante cifra de personas que tiene en su poder minifundios, bajo las 5 hectáreas. Esto es, cerca de siete mil dueños concentran más o menos el setenta por ciento de la superficie forestal regional; al paso que más de setecientos personas se reparten cerca de exactamente la misma cantidad de hectáreas.

Con este mapa como escenario de fondo, brotan las grandes debilidades de la silvicultura: la carencia de rentabilidad para los particulares y la ausencia de una administración forestal sustentable. Ahondar en exactamente la misma es la labor pendiente del campo para hacer en frente de su peor enemigo: el abandono, que da sitio a un desarrollo desmandado de la flora, la acumulación de comburente y la proliferación de incendios forestales. Sin olvidar las plagas, esos inquilinos que no precisan que medie convidación para arrasar con todo. Ejemplo de ello es la chinche americana, ocupa de los piñoneros y responsable directa de la caída trágica del desempeño de la piña, con sus respectivas consecuencias en la industria.

El extenso abanico que abre la potencialidad de este campo conforma la artillería de contraataque al desamparo. La madera, los frutos como piñones y castañas, los hongos o bien la caza son ciertas vías que devuelven altos rendimientos. También, favorece la biodiversidad, regula el ciclo hídrico, previene la erosión y atrapa el dióxido de carbono. Beneficios entre aquéllos que resalta, de máxima importancia en el caso específico de la Comunidad, el jaque mate a la despoblación.

Estratégico

Todo ello dibuja, a ojos de la propia Junta de Castilla y León, un campo estratégico al nivel de la automoción o bien la agroalimentación. Pese a disfrutar de esta consideración, actualmente no garantiza una estabilidad de ingresos suficiente. La producción anual se ubica en una media de veinte euros por hectárea, que asciende a los treinta y seis en el caso de arbolado espeso y contrasta con los cuatrocientos de las explotaciones agrarias.

Otra falta que denuncian los silvicultores, siendo conscientes de la complejidad de elevar su lucha a Bruselas, es la inexistencia de una Política Forestal Común Europea. Hasta el momento, aseguran, los inconvenientes se han ido solventado con parches. Una solicitud que cobra intensidad si se tiene presente que estas superficies no están contempladas en el primer pilar de los fondos de la PAC, sino están apartadas a un segundo plano donde solo perciben un irrisorio impulso económico del dos con veinticinco por ciento .

Acá entran en juego las asociaciones provinciales, para exprimir las fortalezas y ocasiones del campo, mas en especial para resguardar sus desafíos y debilidades. Los dueños de la zona ven en el asociacionismo una clara apuesta de futuro que revertirá en una mayor profesionalización, la integración y también involucración de los dueños en la administración forestal, y una mejora de las estructuras que va a facilitar la canalización de la oferta productiva.

Ya hace 3 décadas que estas 9 entidades fusionaron sus peculiaridades en la Federación de Asociaciones Forestales de Castilla y León (Fafcyle) que, desde ese momento, levanta la voz frente a la desconsideración con el ámbito.

Las raíces que Fafcyle lleva regando treinta años tienen como sustrato la mejora de la organización de la propiedad, de la producción y de la rentabilidad forestal; la defensa de los intereses del colectivo al que representa; el asesoramiento a los dueños, sean públicos o bien privados; y el refuerzo a un empleo sustentable de la silvicultura.

Los bosques y montes de la Comunidad conforman, pese al desconocimiento que planea sobre ellos, una riqueza verde que merece una explotación a la altura, que deje que las ventajas que de ella derivan salgan campeones de plagas, enfermedades y, sobre todo, incendios. Castilla y León no debería permitirse el lujo de desamparar una joya natural que le dejaría plantar cara al gran éxodo rural que amenaza sus rincones.

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